Los libros de Cortázar

En Cortázar y los libros (Fórcola) el español Jesús Marchamalo se introduce en la biblioteca personal que dejara el escritor argentino, hurga entre las páginas de una gran biblioteca literaria compuesta de poesía, novela contemporánea, ensayos, biografías y, algo que Cortázar amaba, literatura fantástica. Al revisar cada uno de sus libros, Marchamalo encuentra un denominador común en ese devoto lector que fue el autor de Rayuela: “Corregía erratas, anotaba en los márgenes, y escribía comentarios en los que mostraba su conformidad o su desacuerdo con lo que leía.” En el reportaje de Guido Carelli Lynch se lee:

Las erratas son una obsesión persistente de Cortázar. En la edición de Paradiso, de José Lezama Lima, pregunta: “¿Por qué tantas erratas, Lezama?” Y en Confieso que he vivido, escribe a Miguel Otero Silva, editor del libro: “ ¡Ché, Otero Silva, qué manera de corregir el manuscrito, carajo!”

Las dedicatorias constituyen un capítulo aparte. Hay dedicatorias de García Márquez, Calvino, Carlos Fuentes, Onetti. La preferida de Marchamalo es la del Nobel mexicano Octavio Paz “A Julio, más cerca que lejos, en un allá que es siempre aquí” . Pablo Neruda también le dedicó más de un libro. Vargas Llosa, igual. En La casa verde, en julio de 1966 anota: “A Julio y Aurora, los primeros lectores de esta novela de caballerías con toda la admiración, la gratitud y el cariño” . En las Crónicas de Bustos Domecq, Adolfo Bioy Casares apunta: “Para Julio Cortázar, afectuoso recuerdo con mi efusiva felicitación por las admirables narraciones y relatos de Todos los fuegos el fuego” .

Muchos de los libros de Cortázar acusan sus caprichos de lector y están dañados o desencuadernos. Los de Borges –con quien tuvo una relación compleja, pero de admiración– están intactos, y con algún subrayado ocasional. “Hay otros –apunta el investigador– en los que no se aprecia marca alguna, como si no los hubiera leído”. Entre ellos, hay autores como E. M. Forster, Faulkner y Salinger.

Entre las rarezas, sobresalen dibujos y una esvástica con un signo de exclamación en Anthologie de l’humour noir (Antología del humor negro) de André Breton.

Hay también ausencias notorias, como Miguel Delibes, Benito Pérez Galdós o Manuel Puig. Esas faltas quizás se deban a sus mudanzas entre Argentina, Francia y España. Sin embargo sí tuvo el cuidado de conservar una edición de Opium, de Jean Cocteau, de cuando era niño. Y hay mucho de Felisberto Hernández, y mucha poesía de Luis Cernuda y Federico García Lorca

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