Crisis económica y destrucción de lo público

Para quienes no alcanzaron a leer el artículo de Ilán Semo, Caída (ya no tan libre), relativo a la caída de las bolsas de valores en el mundo y a una nueva crisis (en realidad la misma del 2008) económica en Estados Unidos y Europa. La situación es muy preocupante para las economías del orbe y, obvio, tanta irresponsabilidad terminará afectando los bolsillos de todos. Les dejo un fragmento del texto:

El nuevo desplome de las bolsas de valores del mundo reitera la más antigua lección de la economía neoclásica: los mercados son inteligentes”, tal como se repite en cualquier reunión de inversionistas y accionistas. Los mercados “saben”, por encima de cualquier juicio o valoración de sus observadores, cuándo las condiciones les son favorables y cuándo no. Es un “saber” peculiar, porque inhibe las posibilidades de que cualquier otro saber actúe de manera determinante sobre sus condiciones. Un “saber”, digamos, inalcanzable, insondable. Sabemos que “saben”, pero no cómo saben. La razón es simple y la explicó Niklas Luhmann alguna vez: no hay ningún observador en el mercado que puede ocupar un lugar en el que el conjunto de las condiciones que hacen posible su existencia sea observable. Es la “inteligencia” de un mecanismo, de una suerte de automatismo social, que se impone a cualquier augurio, ya sea pesimista u optimista.

Lo obvio es que el acuerdo adoptado el martes pasado en Washington por el presidente Barack Obama y una mayoría republicana para salir al paso del déficit público de Estados Unidos encerraba algo más que una “burbuja política”. Y al parecer lo único que logró fue confirmar el pesimismo que muchos le vaticinaban: volver a las fórmulas ya hoy convencionales de la desregulación no hace más que multiplicar las condiciones que en la actualidad inhiben a la economía estadunidense.

¿En qué consistió, en rigor, el pacto que firmaron una exótica mayoría de republicanos y demócratas (impugnados por otra exótica minoría de demócratas y republicanos) para hacer frente a la deuda del erario público? El acuerdo dejó intocadas las posibilidades de recaudar impuestos entre quienes concentran la mayor parte de los ingresos y las inversiones. Por el contrario, impuso el (trillado, se puede decir hoy) principio de que sólo recortando el gasto público (léase: una forma de desregulación) es posible reanimar la economía.

Pero “los mercados son inteligentes”. Y su lectura, tres días después de pactado el retorno a eso que Blaustein ha llamado la “puerta del retrovirus”, fue exactamente la contraria. Y lo que leyeron, como afirma el reporte de Goldman Sachs, fue precisamente la amenaza del “retrovirus”: si se recorta el gasto público en una época de implosión de inversiones lo que sigue es mayor desempleo. Si el desempleo aumenta, ¿quién va a comprar los bienes que produce la economía en su conjunto?

Las cifras sobre el desempleo estadunidense se han convertido en el objeto de una auténtica disputa nacional. La cifra oficial es de 9.4 por ciento. Un nivel que en Estados Unidos trae consigo alarmas rojas. Pero la mayoría de los observadores afirman que la cifra real es bastante mayor. Han proliferado los part time jobs (empleos de tiempo parcial); hay muchos que sólo tienen empleo unos cuantos meses al año (lo que obliga a preguntarse en qué momento se hace la estadística); y hay “empleos” que no debería ser definidos así (por ejemplo, cuando un solo salario se divide entre dos trabajadores, lo cual arroja la paradigmática ecuación de 2=1). Un recuento más acucioso podría arrojar cifras hasta de 13 por ciento de desempleo.

Las interpretaciones ameritan, por supuesto, ser más complejas que los argumentos retóricos que ha traído el debate sobre la “política económica” de Obama. El presidente negoció un acuerdo en el que efectivamente se hacen recortes al erario público por concepto de un trillón de dólares (¡pero en los próximos 10 años!) A cambio obtuvo la licencia para subir el techo de endeudamiento en 900 mil millones de nuevos ingresos. Dinero que está a disposición inmediata y será gastado en los próximos meses. ¿Por qué no funcionó entonces el acuerdo? ¿Por qué precipitó una nueva implosión en Wall Street?

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