Poemas de Juan Manuel Roca

Penélope y el olvido

“Mi nombre es Nadie, y Nadie me llaman mi madre,
mi padre y mis compañeros todos”

Ulises

Llegó Nadie.
Desde un mapa de la nada, llegó Nadie.
Se agitaron las ramas, los rastrojos,
Y una luna de nácar
Brilló sobre el país de los lotófagos.
De la noche o la lluvia, llegó Nadie.
Y abrió oscuros folios
Que hablaban de Odiseo el gran embaucador,
De Ulises, fundador de los regresos.
De los móviles mapas
Que reflejan en la hierba los caobos,
Llegó Nadie.
Y si engullendo lotos se entra al olvido
Y entre ebrios lotófagos
Se olvida ese olvido,
Penélope quisiera entrar en esos predios.

Monólogo sobre el tiempo

El tiempo cumple con recordarnos su paso
De maneras elusivas: es el suyo
Un ábaco con cuentas de granizo
Bajo el sol de los trópicos.
Así, el viejo que vuelve en tren a su patria
Cae fulminado en un pasillo del vagón. Ahora
Su patria es el olvido. Todo, en un guiño de tiempo.
Yo tuve una mujer construida para el siempre,
En su dorada cabeza siempre hacía verano.
La esperaba en las citas con paciencia de nube
Y no sé si murió a tiempo o a destiempo,
Si se fue en la víspera del día.
Se me han ido los años tratando de aprender
A caminar entre los hombres
Como un ángel custodio de mi cuerpo.
Agua o arena entre los dedos, oigo cruzar el tiempo,
Fantasma que galopa en yegua blanca.

Episodio del solitario

Mis luchas con el ego ocurren en un estadio abandonado, un
Madison Square Garden de aldea donde mi poderoso yo se sue-
ña entre grandes reflectores.
Casi siempre caigo ante sus jabs como Saulo en el camino de
Damasco.
Mi humilde sombra busca el clinch con el demonio de mi ego,
aprovechando un descuido.
No es el mío un ego barriobajero, fogueado en peleas callejeras.
Pero aprovecha mis dudas y me apalea. Su más constante jab es
el que lanza a mi inocencia.
Imaginen un cuadrilátero bajo el néon de la luna, donde mi ego
busca poner K.O. a mi alterego.
Mi ego es procaz, mi alterego un hombre timorato que sólo
atina a defenderse.
¿Qué hacer cuando se tiene como sparring a una sombra?
El último combate no tuvo parangón. En una esquina, mi ego
(sin duda un campeón de peso pesado) y en la otra mi sensatez
(un púgil del montón), se miran de lejos con recelo.

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