El picoteo de la información y sus estragos en la memoria

El domingo pasado el escritor Mario Vargas Llosa expuso en su columna Piedra de Toque su lectura y opinión acerca del polémico libro Superficiales: ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? (Taurus, 2011), de Nicholas Carr, experto en tecnologías de la comunicación y, al mismo tiempo, crítico severo de la transformación que las nuevas tecnologías están produciendo en el campo cultural y en el cerebro humano. Internet no es únicamente un medio o herramienta de búsqueda de información, sino una poderosa influencia sobre nuestras maneras de leer, pensar y actuar.

Nicholas Carr, antiguo voraz lector de libros de literatura, “un buen día descubrió que había dejado de ser un buen lector, y, casi casi, un lector. Su concentración se disipaba luego de una o dos páginas de un libro, y, sobre todo si aquello que leía era complejo y demandaba mucha atención y reflexión…” La lectura profunda y concentrada se había convertido en un descomunal esfuerzo. Lo habitual para el que navega en la Red día y noche es, como bien dice Vargas Llosa, el “picoteo de la información” y el “mariposeo cognitivo”, lectura superficial, rápida e hipervinculada; pocas veces la concentración y la atención prolongadas. Entre otras cosas, dice Vargas Llosa:

No es verdad que el Internet sea sólo una herramienta. Es un utensilio que pasa a ser una prolongación de nuestro propio cuerpo, de nuestro propio cerebro, el que, también, de una manera discreta, se va adaptando poco a poco a ese nuevo sistema de informarse y de pensar, renunciando poco a poco a las funciones que este sistema hace por él y, a veces, mejor que él. No es una metáfora poética decir que la “inteligencia artificial” que está a su servicio, soborna y sensualiza a nuestros órganos pensantes, los que se van volviendo, de manera paulatina, dependientes de aquellas herramientas, y, por fin, en sus esclavos. ¿Para qué mantener fresca y activa la memoria si toda ella está almacenada en algo que un programador de sistemas ha llamado “la mejor y más grande biblioteca del mundo”? ¿Y para qué aguzar la atención si pulsando las teclas adecuadas los recuerdos que necesito vienen a mí, resucitados por esas diligentes máquinas?

No es extraño, por eso, que algunos fanáticos de la Web, como el profesor Joe O’Shea, filósofo de la Universidad de Florida, afirme: “Sentarse y leer un libro de cabo a rabo no tiene sentido. No es un buen uso de mi tiempo, ya que puedo tener toda la información que quiera con mayor rapidez a través de la Web. Cuando uno se vuelve un cazador experimentado en Internet, los libros son superfluos”. Lo atroz de esta frase no es la afirmación final, sino que el filósofo de marras crea que uno lee libros sólo para “informarse”. Es uno de los estragos que puede causar la adicción frenética a la pantallita. De ahí, la patética confesión de la doctora Katherine Hayles, profesora de Literatura de la Universidad de Duke: “Ya no puedo conseguir que mis alumnos lean libros enteros”.

Esos alumnos no tienen la culpa de ser ahora incapaces de leer Guerra y Paz o El Quijote. Acostumbrados a picotear información en sus computadoras, sin tener necesidad de hacer prolongados esfuerzos de concentración, han ido perdiendo el hábito y hasta la facultad de hacerlo, y han sido condicionados para contentarse con ese mariposeo cognitivo a que los acostumbra la Red, con sus infinitas conexiones y saltos hacia añadidos y complementos, de modo que han quedado en cierta forma vacunados contra el tipo de atención, reflexión, paciencia y prolongado abandono a aquello que se lee, y que es la única manera de leer, gozando, la gran literatura. Pero no creo que sea sólo la literatura a la que el Internet vuelve superflua: toda obra de creación gratuita, no subordinada a la utilización pragmática, queda fuera del tipo de conocimiento y cultura que propicia la Web. Sin duda que ésta almacenará con facilidad a Proust, Homero, Popper y Platón, pero difícilmente sus obras tendrán muchos lectores. ¿Para qué tomarse el trabajo de leerlas si en Google puedo encontrar síntesis sencillas, claras y amenas de lo que inventaron en esos farragosos librotes que leían los lectores prehistóricos?

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2 Responses to El picoteo de la información y sus estragos en la memoria

  1. Ginebra says:

    Me parece muy acertada la reflexión de Vargas LLosa sobre internet y los nuevos hábitos de lectura y comportamiento de la gente. La información resumida, el mensaje corto, la falta de tiempo que parece tener esta sociedad volcada en la rapidez que sólo lo virtual “puede” ofrecer me llega a parecer una especie de enfermedad, de psicosis contagiosa como si de una epidemia colectiva se tratase.
    Es muy triste que la doctora Katherine Hayles diga que le es imposible que sus alumnos universitarios no puedan leer un libro entero…
    Incluso facebook o twitter han desbancado al mundo blogger (que parece ya” analógico”) apoyándose en esa rapidez que ahora parece ser la clave de todo, obviando la creatividad, imposible en estas redes sociales multitudinarias.

    A mí todo esto me apena y me desespera en la misma proporción.
    Saludos

    • Irad Nieto says:

      Hola, Ginebra:

      Muy pertinente tu comentario y, me temo, lleno de razón. Una de las cosas que yo no había notado, hasta que me lo dijo un amigo y tú aquí lo señalas, es que los “lectores” abandonaron en bandada, o eso parece, los blogs. migraron a Facebook o Twitter y ahí postean hasta el cansancio, desde reflexiones interesantes, links invaluables, hasta declaraciones o confesiones de las más frívolas. Si me pareció importante la lectura de Vargas Llosa ( y yo mismo compré hace semanas el libro de Nicholas Carr), es porque padezco, como internauta, eso que llama el picoteo de la información. He comprobado que la herramienta sí influye en cómo nos vinculamos con la información y la lectura de textos. Creo que incluso es diferente leer el diario cuando se tiene entre las manos, uno suele ir de principio a fin, que cuando se lee en pantalla (uno va de link en link como de rama en rama. Picoteando).

      Abandonar las redes sociales o internet, como lo hizo Carr, tampoco considero que sea la opción. Pero debemos volver a los libros y a la lectura detenida. A veces creo, y miro a los niños, que será casi imposible si seguimos por este camino (y nada me indica lo contrario). Claro, se desarrollarán otras habilidades, seguramente.

      Saludos!!

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