Periodismo de sobrevivencia

Letras Libres organizó una mesa con cinco periodistas de distintos estados (entre ellos, por supuesto, Sinaloa) para compartir y relatar sus experiencias sobre el ejercicio periodístico en tiempos de guerra contra el narco, extrema violencia y la misma impunidad de siempre. La conclusión: en ciertas regiones como Ciudad Juárez sólo puede hacerse “un periodismo de sobrevivencia”. Firmar un reportaje puede conducir directo a la muerte. Les recomiendo esta larga charla entre periodistas. No es por presumir, pero mi paisano y amigo Ismael Bojórquez, director del semanario Ríodoce, es quien ofrece las respuestas más lúcidas. Va un fragmento:

Un diagnóstico general de cada uno. ¿Cómo está la libertad de expresión en la zona que cubren?
Ismael Bojórquez Perea – Ríodoce: Veo un parteaguas en el ejercicio de la libertad de expresión a partir de 2005, con la desaparición de un compañero formado en Sinaloa y que trabajaba en El Imparcial de Hermosillo, Sonora [Alfredo Jiménez Mota]. Antes, el narcotráfico se cubría más o menos normal, y el problema de la profesión tenía que ver más con aspectos tradicionales, como el poder, los gobiernos estatales o municipales, los caciques, etcétera. A partir de la irrupción del problema del narcotráfico, con atentados directos contra algunos compañeros de la prensa, no solamente en Sinaloa sino en Sonora, Tijuana, Veracruz, Guerrero, Coahuila o Tamaulipas, se empieza a ver el tratamiento del tema desde otra perspectiva. Se toman medidas internas para la cobertura del narcotráfico en los dos periódicos más fuertes de Sinaloa, El Debate y El Noroeste, con líneas muy estrictas en el manejo de la información: a partir de entonces ese tema se trataría a partir de información oficial. Hay otro elemento nuevo: el problema de la cooptación. Antes los grupos del narcotráfico te amenazaban explícitamente, con llamadas telefónicas, con mensajes, con correos electrónicos, pero ahora ni siquiera es necesario: el narcotráfico es una amenaza cotidiana para el oficio periodístico.

Ya lograron instalar el chip del miedo.
Bojórquez – Ríodoce: Por supuesto. El narcotráfico es una amenaza permanente y te impone una línea editorial. Se metió a nuestras redacciones y no se ha salido de ahí. Por el contrario, veo el problema cada vez más agudo, obviamente junto a otro problema: la gran impunidad que existe por parte de quien debiera estar combatiendo esto. En Sinaloa no hay una cobertura del narcotráfico. Los periódicos y los medios electrónicos nos hemos dedicado a contar los muertos –literalmente: cada fin de mes los dos periódicos más importantes y los medios electrónicos hacen corte de caja–, pero no al trabajo de reflexión, de investigación, en torno al fenómeno del narcotráfico. De hecho, está ausente en cuanto a análisis. Hay una nota dura, fría, pero no una cobertura profunda del tema.

Marcela, cuando oías “el narco dentro de las redacciones”, te veía asentir. ¿Estás de acuerdo en ese diagnóstico para Torreón, Coahuila?

Marcela Moreno – Milenio Diario Laguna: Sí, así es. El problema es que te enfrentabas antes a poderes fácticos –gobernadores, presidentes municipales– que te coartaban y te chantajeaban, pero tenían rostro, y la guerra con ellos era de misiles de largo alcance: les mandabas uno, reaccionaban, te lo regresaban. Pero ahora, con este poder que no tiene rostro, que no tiene nombre ni apellido, que no sabes dónde se está moviendo, la guerra es más pesada, y este intercambio es más duro porque es por la espalda, y el cuchillo te lo clavan directo. Ya no es de largo alcance. ¿Cómo le hacen? En principio porque filtran a los reporteros que están cubriendo la fuente policiaca. En nuestro caso, el problema de la inseguridad, de la violencia, del narcotráfico, no vino lentamente, sino de un día para otro. Y uno asume el riesgo, pero no sabe el alcance que puede tener. Me reía por lo que decía Ismael del uso del correo electrónico, porque los criminales se han modernizado mucho, tienen un aparato de comunicación social similar a los gobiernos. En la comarca lagunera la situación es muy difícil porque compartimos los problemas de Durango, que tienen a los Chapos, y los problemas de Coahuila, que tienen a los Zetas, ambos rivales y disputándose el territorio. Nosotros estamos en medio.

Con un tercero en discordia.
Moreno – Milenio Diario Laguna: Sí, un cártel local que no responde a los intereses de ningún otro grupo. El problema es que el reportero en este momento no está capacitado para cubrir el tema del narcotráfico. Hay un prontuario, igual que sucede en Sinaloa, que dice “nosotros no vamos a investigar, porque investigar es la diferencia entre que vivas o te mueras”. Lo vamos a registrar y somos nada más testigos pasivos de lo que está sucediendo. Se atiende la fuente oficial –que en este caso son las fiscalías de Durango y de Coahuila, las policías municipales– por precaución y para que no haya riesgos para el reportero. Imitamos un poco los modelos de Ciudad Juárez, de Tijuana, de Sinaloa: no investigamos a nivel local, salvo muy superficialmente, y si esa información no la podemos publicar en nuestro estado, la publicamos en otro lugar. Nosotros no publicamos lo de Torreón en Torreón, pero sí mandamos la información a Milenio México para que lo distribuya al resto del país. Ahora, también es un riesgo, porque no sabes si el que operó en Torreón está ahora en Guadalajara, o si ese que estaba en Guadalajara está ahora en Ciudad Juárez.

Gabriela, cuando escuchas “el que investiga se muere”, ¿así ocurre en Ciudad Juárez?

Gabriela Minjáres – El Diario: Así ocurre. Desde 2008 en Ciudad Juárez hay un escenario de guerra, y los reporteros en Juárez no solamente han tenido una carga de trabajo mayor, sino que han estado expuestos a la violencia de una manera directa. Los reporteros llegan a la escena del crimen, por ejemplo, muchas veces antes que las corporaciones policiacas, y se han dado casos en que llegan a la escena y todavía están los sicarios. Nosotros tuvimos el asesinato de Armando Rodríguez, “el Choco”, el reportero más experimentado de la fuente policiaca, que se encargó de documentar el inicio de la operación militar en Ciudad Juárez. Él documentaba con toda exactitud, más allá del número

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