De hiperconectados y “gruñones punto com”

El profesor Fernando Peirone escribe un texto muy interesante acerca de la importancia pública y política de las redes sociales: Ciudadanos hiperconectados. Abriéndose paso entre los necios tecnófobos (eternos apocalípticos) y los ingenuos y acríticos tecnófilos, Peirone ve en las nuevas tecnologías un fenómeno social, antes que tecnológico, que merece la atención del pensamiento crítico. Mientras que un sector importante, si no mayoritario, de las ciencias sociales niega trascendencia política y cultural (en particular contrahegemónica) al universo virtual de las redes, el autor es mucho más optimista: “estamos frente a una avanzada contracultural con un alto contenido político”. Según el académico, los indicios sobran: desde el 11-M español, pasando por la campaña de Obama y las revueltas en el mundo árabe, hasta el movimiento horizontal del 15-M también español.

Lo que la sociedad hiperconectada ha puesto en duda es un modo de estar en el mundo, tradicional y jerárquico, y ha sacado a flote una voluntad comunicativa sin precedentes. Peirone afirma algo que ya había dicho el filósofo Bolívar Echeverría en su ensayo Homo legens: “Las nuevas tecnologías han potenciado el surgimiento de una vanguardia polifronte que ha logrado poner en crisis formas dominantes tanto de información, comunicación y conocimiento como de investigación, producción, organización y administración.” Se trata de un cambio profundo en la forma y el fondo en cómo nos relacionamos no sólo entre nosotros sino con el poder. Se avizoran espacios y temperamentos para la autoinstitución, la libertad, la democracia. Les comparto un fragmento del texto Ciudadanos hiperconectados:

No existe un fenómeno social que genere tanta incertidumbre, tantas aventuras intelectuales y tantas contradicciones como las redes sociales. Su vertiginoso crecimiento, su versatilidad y su insoslayable presencia pública parecen haber conminado el pronunciamiento –la mayoría de las veces apresurado y categórico, cuando no prejuicioso– de comunicólogos y consultores políticos hasta pedagogos, periodistas y filósofos. Se repite hasta el cansancio que Facebook es el tercer país más grande del mundo después de China y la India (en la actualidad supera los 600 millones de usuarios); que Twitter puede derrocar gobiernos mientras otros dicen que “la revolución no será twitteada”; que con casi 160 millones de blogs emitiendo noticias se ha terminado el periodismo y se perdió de vista la verdad; que no se puede tener tantos amigos sin conocerles la cara; que Internet es el opio de los pueblos. Pero sin certezas, las dudas, la inmediatez, el entusiasmo y los miedos terminaron por reavivar un nuevo round entre apocalípticos e integrados.

De un lado los tecnofóbicos que confirman sus presagios decadentistas con cada nuevo gadget que sale al mercado, y del otro los apologistas e ingenuos que celebran acríticamente y corren detrás de las invenciones del “cerebro digital planetario” como quien persigue los designios de un demiurgo. Ahora bien, ¿cómo abordar una manifestación social cuya contemporaneidad y extensión la convierten en una trampa a la medida de todo tipo de intrigas? ¿Cómo superar el asombro, los prejuicios y el anecdotario para pasar a pensar la “naturaleza” de las redes sociales y los fenómenos epocales que se producen alrededor de las nuevas tecnologías? Un buen modo de empezar sería reconocer lo que de propio hay en ese acontecimiento, admitir que no se trata de una irrupción marciana y que si bien no podemos ser optimistas sin cierta cuota de intrepidez, tampoco podemos sostener el credo heideggeriano que ve en el pensamiento técnico un irrefrenable alejamiento del Ser y un peligro para el pensamiento reflexivo, porque sería caer en simplificaciones –a esta altura– irresponsables. El cruce de palabra, imagen y velocidad que produjo el siglo XX ha sofisticado las comunicaciones tanto como el modo en que nos relacionamos con el mundo; desde el automóvil y el cine hasta la televisión y la banda ancha hay un complejo proceso de asimilación social que se desagrega en los modos de nuestro presente. La vida cotidiana está atravesada por ese devenir, y por más que pueda parecer un proceso ajeno a nuestras vivencias, todos fuimos parte de su desarrollo. ¿O acaso no es posible ver en la lógica instantánea, intersticial y discontinua del zapping una versión electrónica del shopping, y un antecedente de los múltiples procesos concurrentes que intervienen cuando navegamos por Internet? ¿No son los juegos on-line y las redes sociales una virtualización de la vida pública que se perdió primero con la urbanización y después con la modernidad tardía? Dicho esto, podríamos decir que, a pesar de su nombre, las nuevas tecnologías son un fenómeno social antes que tecnológico, como habitualmente se las referencia

Y ya que están en el tema, les recomiendo la lectura de un pequeño ensayo de Andrea Palet, publicado por El Malpensante, en el que enfrenta las opiniones y comentarios de ese grupo de intelectuales, periodistas, académicos y aristócratas de la cultura que ven al Armagedón en las redes sociales, individuos que afirman: “Twitter mata las ideas… la actitud Twitter es falsa, artificial… No existen los followers… Twitter modifica tu cerebro. Le quita capacidad de concentración. De hilvanar una historia…”. Son los “Gruñones punto com”, y se les puede encontrar maldiciendo en todos lados.

About Irad Nieto

About me?
This entry was posted in Ensayo, Filosofía, Política, Revistas culturales, Tecnologías. Bookmark the permalink.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s