Democracia y Estado de excepción

A pesar de todo lo que se ha avanzado respecto al llamado Estado constitucional de derecho, en el plano teórico pero también en el de la realidad, en muchos de los países con gobiernos democráticos (Estados Unidos, Francia, España, Italia, Colombia, México, Brasil…) se convive con uno o varios estados de excepción. Para enfrentar problemas que en realidad se perciben como serias amenazas a la seguridad nacional (la migración, el tráfico de drogas, de órganos y de personas, por citar algunos ejemplos), se restringen o suprimen de facto, o a veces a través de la misma ley, libertades públicas o derechos fundamentales. La vida política en los parlamentos, en las oficinas burocráticas, en las sedes de unos partidos políticos cada vez más repudiados, sigue como si nada, mientras que la vida en las calles funciona de otra manera: se enfrenta a una paulatina cancelación de ciertos derechos como el libre tránsito, la expresión, la tranquilidad, etc. Se trata, dice Ilán Semo, de regímenes híbridos: acaso un nuevo ejercicio del poder. “En México y en Colombia, en aras de combatir al crimen organizado, se han cancelado las garantías individuales en vastas zonas de ambos países.” Primero la delincuencia arrebata derechos y luego llegan las autoridades a reproducir esos cotos que parecen vedados al Derecho. Es preocupante observar cómo prospera la militarización del país frente a las narices de una población atemorizada, por una parte, y apática de manera completa, por otra (“Van a Tamaulipas otros 2,790 militares”, dice una nota publicada en Milenio diario). Los retenes –operativos privilegiados para el abuso cotidiano, el baje, la humillación y la transgresión del principio de inocencia— forman parte ya de nuestro degradado paisaje público. Nos hemos acostumbrado a convivir con ellos. Uno debe salir preparado de su casa para ser detenido e interrogado en retenes de tránsitos, judiciales o militares, para rendir cuentas y explicar al Estado policía por qué razón utiliza las calles, conduce de madrugada o carece de una credencial de elector.

En su artículo Regímenes híbridos Ilán Semo desarrolló la siguiente reflexión:

Una parte significativa de las sociedades democráticas enfrenta hoy un dilema particular. En Estados Unidos (EU) como en Italia o en Francia, el Estado de excepción convive (deformándolo) con el Estado de derecho. En Estados Unidos, las leyes para responder al terrorismo decretadas desde 2004 cancelaron libertades civiles esenciales. En Italia y en Francia, los gobiernos de Berlusconi y Sarkozy han recurrido a medidas y dispositivos anticonstitucionales para hacer frente a la migración. En México y en Colombia, en aras de combatir al crimen organizado, se han cancelado las garantías individuales en vastas zonas de ambos países.

¿Qué pueden tener en común planos, discontinuidades y corrugamientos tan disímbolos del régimen de derecho? La respuesta no es sencilla pero si intuible: la desterritorialización de los sujetos de la política, los flujos de la globalización. Lo que en EU se llama “terrorismo” es la reacción de una franja del Islam a la expansión estadunidense en el mundo árabe: la guerra como retro-virus. Italia y Francia representan, como la mayor parte de los países europeos, centros inevitables de migración para los países periféricos. México y Colombia son hoy naciones desbordadas por los tráficos de armas, órganos, drogas, lavado de dinero y seres humanos. Cierto, nunca es fácil dirimir hasta qué punto medidas destinadas a preservar la seguridad nacional deben o no cancelar libertades civiles. Un problema que, por cierto, es tan antiguo como la Revolución Francesa, cuando Robespierre decretó la primera versión de un estatuto de “seguridad nacional” para defender al nuevo orden de la amenaza que le imponían las monarquías europeas.

Pero la pregunta es si se trata de un fenómeno transitorio (todo régimen de excepción se presenta siempre como “transitorios”, “hasta que el peligro se desvanezca”,…) o de un cambio en la forma del Estado. Por lo pronto, el espíritu “neocon” ha respondido a los desafíos que tiene ante sí el Estado-nación hibridizando al orden democrático, sustrayéndole su sustancia representativa. A diferencia de los años 30, cuando la pulsión autoritaria derrocó a las democracias que emergieron de la Primera Guerra Mundial en Europa modificando toda la estructura política del régimen, el autoritarismo de hoy es poroso, puntillista, segmentario, disociado. Mientras que los partidos políticos continúan con sus labores parlamentarias y la prensa recoge los diferendos de opiniones y posiciones, como si no pasara nada, en la micro política, en las calles de la ciudad se vive el derrame de un poder fuera de control que interrumpe e intimida la vida pública a cada trecho de la vida cotidiana. Regímenes híbridos (en plural y singular) se le podría llamar a este nuevo ejercicio del poder

About Irad Nieto

About me?
This entry was posted in Diarios, Política. Bookmark the permalink.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s