Las obligaciones de un sobreviviente

Como ya es costumbre Arnoldo Kraus publica hoy un excelente artículo en homenaje a Jorge Semprún. Los sobrevivientes tienen obligaciones, dice Kraus. Obligaciones de contar, de no callar el horror al que sobrevivieron. Si sus relatos no borran el mal, sí lo denuncian. Los verdugos y tiranos quieren el silencio; el escritor-sobreviviente debe oponerse al olvido. Va un fragmento del texto de Kraus:

Los supervivientes tienen obligaciones. Obligaciones impuestas por una condición no elegida. Todo superviviente es testigo, de sí mismo, de quienes murieron y de las acciones de sus verdugos. Ser testigo obliga. Sus testimonios no borran el mal pero al menos lo denuncian. Los verdugos procuran el silencio. Sus proyectos genocidas, sus acciones asesinas, sus propósitos de desaparecer a las víctimas triunfan cuando impera el silencio. Al lado de la muerte los genocidas labran proyectos de olvido. Olvido es silencio.

El testigo impide el triunfo del mutismo y aminora la impunidad. Cada genocida preso es un pequeño logro. Todo testimonio es vital: de Auschwitz a Ruanda; de Ratko Mladic y las atrocidades cometidas contra los musulmanes en Srebrenica hasta los miles de desaparecidos por Pinochet; de Luis Lala Pomadillo, el migrante ecuatoriano que sobrevivió a la matanza en Tamaulipas en 2010 hasta las guerras sucias y las guerras abiertas por los duopolios políticos-narcotraficantes como hoy sucede en México. Jorge Semprún fue testigo del mal.

Semprún nació en Madrid en 1923 y murió hace pocos días en París, ciudad que lo acogió desde temprana edad como exiliado. Durante la Segunda Guerra Mundial participó como miembro de la Resistencia y en 1943 fue apresado por los nazis y enviado al campo de Buchenwald, de donde fue liberado dos años después. En 2010, cuando rondaba los 87 años, leyó, con motivo del 65° aniversario de la liberación del campo de concentración El archipiélago del horror nazi, discurso donde evoca la memoria y la liberación del campo.

En ese discurso, su último discurso, alertó nuevamente al mundo contra la evidencia del mal. Fue una especie de continuación de las palabras de Baudelaire que utilizó como título del primer capítulo de su libro Adiós, luz de veranos, “Tengo más recuerdos que si tuviera mil años”. Ese discurso fue también una suerte de compromiso con él mismo, con su historia como testigo de la barbarie nazi y con los jóvenes que le pedían que no dejase de escribir, “Nuestros padres nunca nos quisieron hablar de los campos, siga escribiendo porque es la única manera de romper el silencio de nuestros familiares”. Con la muerte de Semprún finaliza uno de los últimos baluartes del valor de la memoria viva, de la memoria narrada por la piel de la persona

About Irad Nieto

About me?
This entry was posted in Diarios, Política. Bookmark the permalink.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s