Sobre el caso Taringa!

Según un reportaje de Marcela Mazzei en Revista Ñ el 26 de mayo se realizó un debate en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA acerca de los bienes culturales en la era digital, la creación, las descargas y la propiedad intelectual. El caso de análisis fue el ya conocido proceso judicial de los dueños del sitio Taringa!: los hermanos Matías y Hernán Botbol, quienes el 6 de mayo pasado fueron sometidos a juicio “como ‘partícipes necesarios’ del delito de violación a la propiedad intelectual por permitir que en Taringa! algunos de los 50 millones de usuarios que la visitan cada mes compartan, en forma de links, material protegido por el artículo 72 de la Ley 11.723, que data de 1933. El artículo establece que es delito editar, vender o reproducir por cualquier medio o instrumento, una obra inédita o publicada, sin autorización de su autor o derechohabiente”.

Aunque los hermanos Botbol argumentaron en su descargo que era “imposible para ellos comprobar si los contenidos que postean los usuarios violan los derechos de autor dada la magnitud del tráfico (20 mil posts diarios) y porque tampoco cuentan con los registros de propiedad intelectual para cotejar los datos”, la Sala VI de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional estableció que “los imputados a través de su sitio permitían que se publiciten obras que finalmente era reproducidas sin consentimiento de sus titulares. Si bien ello ocurría a través de la remisión a otro espacio de Internet, lo cierto es que justamente tal posibilidad la brindaba su servicio”.

El cineasta Juan Villegas considera que Taringa! “sobreactúa su inocencia y neutralidad”. No obstante que se opone a la criminalización de un consumo ya generalizado como una práctica social en esta era digital, tampoco acepta que se defienda a sitios, visitados por millones de personas, que comparten archivos para descargas gratuitas bajo el argumento de la libertad de expresión o el libre acceso a la cultura en perjuicio de los derechos de terceros.

Por otra parte, el matemático Enrique Chaparro, en un ensayo que aporta otras razones al debate, económicas y filosóficas, se pregunta al final: “¿Qué podemos hacer nosotros como intercambiadores de información, independientemente de si tiene un cartelito de reservado? Seguir intercambiando. Si es delito o no, no nos pueden procesar a todos. Pueden tomar casos prototípicos, pero sí podemos luchar para que esos casos no sean la cabeza de turco –que es lo que está pasando aquí—, y además seguir buscando caminos alternativos.”

Para quienes compartimos una cultura y un estilo de vida del file sharing, de los posts y los hipervínculos, este debate resulta interesantísimo y está todavía abierto. Hay más preguntas planteadas en el reportaje de Ñ: ¿No hace Google lo mismo que Taringa! al indexar en su plataforma links de descarga sin importar qué hay en la descarga? ¿No hacemos lo mismo en Twitter o Facebook cada vez que compartimos un link? […] ¿No hacen lo mismo los propios jueces en sus fallos cuando citan contenidos que otros escribieron para sus fundamentos […]?” ¿Es lo mismo robar un carro o una cartera que descargar una película o un disco?

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