La “fea” costumbre de subrayar libros

En una ocasión un querido amigo me preguntó por qué tenía la horrible costumbre de subrayar los libros. “Se ven mal, sucios. Los libros merecen nuestro cuidado y respeto”, dijo. Me quedé pensando en esa manía que padezco y practico con descarada naturalidad. La verdad es que no recuerdo cuándo perdí el respeto a las páginas de mis libros. Desde hace muchos años comencé a subrayar, mientras leía, líneas y luego párrafos completos. Después encerraba frases, abría corchetes o paréntesis, ponía signos de interrogación o admiración y otras tantas marcas que, lo admito, estropeaban el aparente silencio y tranquilidad de las letras allí impresas. A veces hasta reproducía en los márgenes de la pagina, por el puro placer de la repetición, una oración, el disparo sordo de una idea o un párrafo entero. Empecé utilizando lápiz, únicamente. Más tarde empuñé la pluma y acribillé, sin distinciones, ediciones baratas y de lujo, libros clásicos y no tan clásicos, libros buenos y también malos. Hoy día, sobra decirlo, la costumbre no ha desaparecido: ha empeorado. Apenas el 25 de marzo pasado me descubrí subrayando páginas enteras de un libro y anotando en sus espacios libres. Con los años ha venido acumulándose una escritura íntima que viene de los márgenes; quizás con poco valor, pero que da cuenta de un diálogo, que registra una historia (una vida) de lecturas.

En El Cultural Ignacio Echevarría nos cuenta cómo adquirió ese hábito:

Hubo un tiempo en que resultaba difícil, a la vista de cualquier libro de mi biblioteca, saber si lo había leído o no; tanto era el cuidado que, al hacerlo, ponía yo en no estropear las cubiertas, en no agrietar los lomos, en evitar que los pliegos se despegaran, en no marcar las páginas […]

Todo eso quedó atrás cuando me aficioné a subrayar los libros; un hábito que en mi caso vino dado por la práctica de la crítica. Siempre he pensado que el buen crítico es un lector que sabe subrayar adecuadamente, y que, por virtud de ello, sabe construir una lectura representativa del texto, basada en citas oportunas. Me viene ahora al recuerdo lo que escribía Walter Benjamin en una de sus trece tesis sobre la técnica del crítico: “Polémica significa destruir un libro citando unas cuantas de sus frases”. Aunque no siempre se trata de eso, por supuesto.

El caso es que comencé a subrayar los libros y ya no he dejado de hacerlo. Al principio me conformaba con tímidas, casi imperceptibles señales en los márgenes, y con discretos corchetes; pero enseguida empecé a subrayar -literalmente- líneas, primero, y luego párrafos enteros, con el añadido ocasional de signos de todo tipo y, a menudo, anotaciones que por lo común ni yo mismo soy capaz de descifrar pasado un tiempo. Siempre hechas a lápiz, eso sí, nada de tintas ni de fosforitos. Una vez perdido el respeto a la integridad de la página, pronto se lo perdí a la del volumen en su conjunto, y ya no me anduve con aquellos cuidados de antaño. Pero si antes sufría al prestar un libro por temor al estado calamitoso en que muy probablemente iba a serme devuelto (en el caso de que me fuera devuelto, pues ya se sabe), me ocurre ahora que no puedo prestar mis libros por el pudor que me produce que vean qué es lo que subrayo de ellos.

Y es que subrayar un libro viene a ser, según cómo, un acto íntimo, que puede llegar a delatar bastante cosas, algunas muy pintorescas, de quien lo ha cometido. Y que, más frecuentemente, da lugar a toda suerte de extrañezas

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13 Responses to La “fea” costumbre de subrayar libros

  1. es como una cama que sabes que ha sido usada por otra pareja antes…..

  2. Te da curiosidad, nostalgia y el sentimiento de estar interrumpiendo algo que te excluye.

  3. Yo subrayo los libros como una seña de que voy aprehendiendo lo que me dice, de que me identifico con lo que dice tal o cual párrafo. Sé que se ve mal, pero finalmente, cuando vuelvo a leer las lineas subrayadas me recuerdan sentimientos y pensamientos del pasado….En fin.

  4. yo siento feo de rayar mis libros no se como si los maltratara

  5. MiguelAng says:

    Yo también tengo esa práctica. Al principio no quería subrayar porque me imaginaba faltarle respeto a una persona; después pensé, cuando vi en televisión una entrevista a un escritor y a la pregunta ¿Qué siente Ud. cuando uno de sus fans llega con uno de sus libros con las páginas subrayadas? contestó que él no sentía disgusto sino más bien cierto agradecimiento porque sugería que realmente se le había puesto atención a su libro.
    Preguntéme, entonces, ¿A qué le falto al respeto? Solo a mi proyección de lo que es un libro, hecho en serie. ¿Por qué no subrayar lo que creo importante y releíble?.
    ¡Claro! el escritor tiene valía, pero quién le da valía a quien escribe: El lector.
    No me extiendo, si lo hiciera más bien se leería como una justificación que, en el fondo, indica una culpa ¿Será?

  6. Adrian says:

    Yo antes no me atrevía a subrayar ninguno de mis libros, ya que deseaba mantenerlos como nuevos. Pero he aprendido las virtudes del subrayado.
    Yo, más que nada, disfruto leer de filosofía. Y, como a veces es necesario leer varias veces un mismo texto para entenderlo, el subrayar te ayuda mucho a organizar la información.
    Pero no solo subrayo para esto, sino también cuando siento mucho placer, o cuando algo me causa mucha risa.

    • Irad Nieto says:

      Y lo curioso, Adrián, es que cuando tiempo después regresas al libro, te interesan otras cosas quizás, pero nunca dejan de ser atractivas las partes subrayadas, son parte de ti, de tu historia.

      Saludos!!

  7. Allison says:

    Estoy destrozada. Un día subrayé mi libro de Bajo La Misma Estrella en frente de mis amigas, ellas estaban a punto de matarme, me dijeron “¿Cómo puedes dormir de noche?”, “¡Te mataré!”, “Empieza a correr phendeja” y muchas otras cosas que no tomé con mucha importancia, sin embargo, ahora que he llegado a la página 254, en donde Augustus muere y mi sensibilidad hacia cada objeto que me rodea aumente a niveles considerables, me arrepiento de haberlo hecho; el libro es perfecto, y mis estúpidas lineas de colores sobre las importantes palabras que quiero siempre recordar me causan enojo cada vez que las veo. No puedo leer un párrafo subrayado sin querer golpearme a mí misma con un ladrillo, y eso me impide concentrarme. Consideré la opción de ahorrar para comprar el mismo libro y no decepcionar a quien me lo regaló, y luego regalarle el subrayado a alguien a quien le importe leerlo así, pero lo cierto es que luego me dí cuenta de lo ridículo que se escuchaba y no sé que debo hacer (Podría cortarme las venas con una galleta de avena, pero eso resulta algo irrelevante para mi gusto), mierda, ¡Alguien que me de un consejo!

  8. Ya son diferentes puntos de vista, a mí en lo personal me disgusta encontrar un libro subrayado de alguna biblioteca pública, y mas aún subrayar alguno que me presten. Cuando subrayo los míos es porque ¡SON MÍOS! yo los compre con mi esfuerzo, trabajo y por consiguiente mi dinero; eso me hace ser dueño de ellos, cuando los marco es porque me sentí totalmente identificado con lo que leí en el momento. Evito las anotaciones dentro del libro, prefiero hacerlo en algún cuadernillo especial a los libros que leo.
    Pero en fin jamás me he imaginado regalar algún libro, y si lo hago, tal vez preferiría comprar uno igual, y no regalar los míos o al menos que lo a merite, y si a mi me sirvió alguna obra literaria se la regalaría de corazón a una persona que igual necesite o este en esa misma situación en la cual yo estuve.

  9. LIDIA REBRIJ says:

    UNA VEZ MI PAPÁ ME RECLAMÓ QUE YO NO RESPETABA A LOS LIBROS, POR ESA COSTUMBRE DE SUBRAYAR, ANOTAR, Y EN LA PÁGINA DE ATRÁS, ANOTAR TELÉFONOS, RECETAS, DIRECCIONES. Y YO LE CONTESTÉ A MI PAPÁ “YO A LA LITERATURA NO LA RESPETO, YO LA AMO”, Y ASÍ ES

  10. Gustavo Mares says:

    El subrayar libros no es bueno ni es malo, todo depende del lector. Habría que separar el libro de texto con el de interés general; el primero por supuesto que es más susceptible que sea rayado ya que por su misma naturaleza académica, requiere el subrayado y anotaciones al margen. En el caso del segundo su lectura nos provoca descanso, relajación, placer o algún otro sentimiento diferente a la necesidad de retener contenidos académicos para pasar una materia, por tanto, el subrayado o la anotación es inherente a ese placer que experimentamos con la lectura misma de la obra. Habrá quién sienta la necesidad de encerrar, marcar o subrayar una frase o todo un parráfo que le causó ese gran placer y quiera “aplaudir” (por decirlo de alguna manera) esa conjunción de palabras que tocó las fibras interiores del lector y encuentre en esa práctica una forma de reconocer al autor..

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