Verdad premonitoria

En el centenario del nacimiento del escritor polaco Czesław Miłosz, Premio Nobel de Literatura en 1980, el diario El País publica un artículo interesante de César Antonio Molina que aborda uno de los ensayos más emblemáticos y polémicos de Milosz, a propósito de los intellectuels engagés bajo el dominio estalinista: El pensamiento cautivo. Comenta Molina:

El pensamiento cautivo explica la entrega de los intelectuales, en este caso polacos, pero extensible a todos los otros pueblos comunistas, a la nueva fe del marxismo-leninismo-estalinismo, después de haber abrazado otras ideologías, incluso antagónicas. Mislosz hace diferencia entre el marxismo como ideología -no la juzga con desagrado del todo, pues él siempre se consideró un hombre de izquierdas- y la aplicación de la misma por parte de los dictadores soviéticos. Al primero que crítica Milosz es a él mismo por el tiempo -muy breve- en que fue cómplice de su administración y propaganda, aunque nunca perteneció al Partido Comunista polaco.

Durante algún tiempo, frente al nazismo, el antisemitismo y la opresión fascista, muchos habían opuesto el comunismo liberador. Y lo hicieron sin darse cuenta de los muchos males que traía consigo. Entre otros, nuevamente la falta de libertad. Si el nacionalsocialismo sojuzgó a los alemanes (como dice Karl Jaspers en las palabras introductorias) en su espíritu, lo mismo hizo el comunismo en la Unión Soviética y sus países satélites. Durante los mismos años, el terror se impuso sobre la razón y ambas ideologías se regaron con millones de asesinados. El nazismo fue pronto rechazado, pero no así el comunismo, respetado y acariciado por tantos intelectuales que, curiosamente, nunca quisieron probarlo viviendo en esos países de la utopía. Pero, además, para un intelectual, el realismo socialista se imponía como una prueba difícil de superar. No solo era una cuestión estética, pues en el fondo lo que se les pedía a los creadores es que se adhiriesen de manera total a la ortodoxia filosófica, a la ortodoxia leninista-estalinista. El realismo socialista prohibía la independencia del escritor y su espíritu crítico.

Milosz se negó a toda complicidad con la tiranía, se negó a justificar los crímenes, se negó a la esterilidad, se negó a la costumbre de la falta de libertad, se negó a las purgas en masa, se negó al estado de terror, a que los hijos delataran a sus padres, se negó a que la tristeza y la falta de esperanza lo invadieran todo. Milosz se negó a las abjuraciones y humillaciones cotidianas, a que el bien y el mal solo pudiera definirse en términos de servicio o perjuicio a los intereses de la revolución, a la reeducación, a ser un hombre nuevo al servicio del partido. Milosz se negó a repetir la mentira y a ocultar las matanzas y atrocidades llevadas a cabo en nombre de la revolución

Sobre el tema de los intelectuales, les recomiendo echar un vistazo al texto de Manuel Rodríguez Rivero: Intelectuales y ‘todólogos’.

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