El “desamparo de los intelectuales”

El filósofo político Claudio López-Guerra publica una interesante y crítica reflexión acerca del famoso amparo que no fue (el de los intelectuales). Con un sugestivo y provocador título, Intelectuales desamparados, López-Guerra se dirige a los firmantes de dicho juicio, pues considera que el reclamo –la reforma electoral de 2007 viola la libertad de expresión al prohibir a los ciudadanos la compra-venta de propaganda electoral en radio y televisión— sigue teniendo vigencia para una más amplia discusión. Se trata de que la libertad de expresión sea un derecho valioso para todos. Pero, ¿es necesario que el mecanismo para difundir las opiniones electorales de los ciudadanos sea el comercial? ¿No existen otras alternativas, más allá del poder económico de los que contratan, que garanticen una participación más igualitaria y democrática? ¿No podrían convivir la exclusividad (gratuita) que hoy tienen los partidos para difundir propaganda electoral con otros canales de comunicación para que los ciudadanos expresemos nuestra opinión sobre los candidatos contendientes? Tampoco podemos comprar tiempo, argumenta López-Guerra, para expresarnos en una sesión del Congreso, en los debates judiciales de la Suprema Corte o en las reuniones del IFE. Y sin embargo se aceptan de buen modo estas restricciones. Lo que no supone que estemos impedidos para hablar o incluso criticar las labores de las instituciones mencionadas (como quedó claro en un texto reciente sobre la Suprema Corte, firmado por Pedro Salazar Ugarte). ¿Por qué tales prohibiciones sí las aceptamos? El autor responde que todas ellas tienen algo en común: “asegurar el carácter democrático, no plutocrático, del proceso formal de toma de decisiones colectivas”. En este mismo sentido, las campañas, como los debates televisados, son un elemento más de un complejo proceso institucional, y están debidamente regulados. No son charlas de café o debates informales. Lo cual no implica que los ciudadanos estén impedidos para crear y multiplicar los espacios para la conversación y la crítica públicas. Nadie dice que los particulares debamos estar excluidos de la deliberación político electoral; sin embargo, ¿la compra de espacios en radio y televisión, es decir, la vía comercial de difundir propaganda, es el mecanismo que nos incluye a todos, el más democrático? Creo que no.

El texto de Claudio López-Guerra aquí.

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