Rafael Cadenas

La Obra entera. Poesía y prosa (Fondo de Cultura Económica, 2000) del poeta venezolano Rafael Cadenas es quizás uno de los mejores libros que me han recomendado y que me place releer. Van algunos poemas:

Ars poetica

Que cada palabra lleve lo que dice.
Que sea como el temblor que la sostiene.
Que se mantenga como un latido.

No he de proferir adornada falsedad ni poner tinta dudosa ni
añadir brillos a lo que es.
Esto me obliga a oírme. Pero estamos aquí para decir verdad.
Seamos reales.
Quiero exactitudes aterradoras.
Tiemblo cuando creo que me falsifico. Debo llevar en peso mis
palabras. Me poseen tanto como yo a ellas.

Si no veo bien, dime tú, tú que me conoces, mi mentira, señála-
me la impostura, restrégame la estafa. Te lo agradeceré, en serio.
Enloquezco por corresponderme.
Sé mi ojo, espérame en la noche y divísame, escrútame, sacúdeme.

Postergaciones

Rutas nunca tomadas, sitios que aplacé, bocas perdidas.
Insostenibles lugares.

Frutos mandados a detener. Prendas de lo inerte. Hilos que se
ofuscan.

Despilfarro

Es recio haber gastado días, meses, años en defenderse sin saber de quién. Recio no poder ver el rostro del que asedia. Recio
ignorar lo que nos devasta.

Inmediaciones

A flote de las aguas inmóviles, de los roces hirientes, de las sor-
deras amadas. Solo, dudando de mi cordura, ser eso que despun-
ta apenas. Eso tan insensato.

Mal

Detenido, no sé dónde, mas es un hecho que estoy, detenido.
Llevo años en el mismo lugar, al fondo. ¿Vivo? Funciono, y ya es
mucho.

Me muevo…

Me muevo. Uno, dos, tres pasos. Nadie puede negar que avancé
un poco. Se pueden ver mis huellas en el suelo, pero amanezco
en el mismo sitio. ¿No me desplacé? Es cierto –verifico las mar-
cas– que ayer no estaba donde ahora estoy, pero algo me dice
que no me he movido. No sé qué significa desplazarse.

Camino sin andar

Camino sin andar. Eso marcha. Es bastante. Para mí, digo.
Bastante.

Me sostiene…

Me sostiene
este vivir en vilo
sin ninguna señal
ni mapa
ni promesa,
en una antesala donde todos trajinan
como empleados
para olvidar.

Siéntate

Siéntate. Ya el tormento se viste con el trapo de la obligación.
Es hora de dar comienzo a la obra.

Me retomo. Hace tiempo me dejé en un borde. Allí donde el azu-
fre del monólogo hacía imposible respirar.

Tuve que disentir…

Tuve que disentir,
ocultarme,
desaparecer.

Tuve
que ser una disonancia.

Tuve que dejarme ir
a la deriva
sin explicar.

Tuve que esconder
el rostro,
volverme
huidizo,
callar, acallar
(cuando acaso era útil
una simple aclaración).

Se me juzgaba con ley de hombre
pero nunca fui interrogado.

Todo
fue por ti,
y no te he visto.

Se hunde uno…

Se hunde uno,
se atasca,
se desoye
y vuelve a unirse. Un pantano.
No es broma.
Hay encallamientos
peores que la ilusión.

Se ahoga uno
en su magno deseo
y alguien lo levanta,
exhausto, confundido, disperso
y sin haber aprendido.

Se queda uno
a mitad de camino, reptando
bajo el resplandor.

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2 Responses to Rafael Cadenas

  1. Sin Ma says:

    Hola, Irad! que bellos poemas nos compartes hoy.
    Enloquezco por corresponderme.
    Sé mi ojo, espérame en la noche y divísame, escrútame, sacúdeme.
    Me encantó!
    Te mando un abrazo!

  2. Irad says:

    Hola, Sin Ma:

    ¡Me da gusto que te hayan encantado estos versos! En alguna ocasión le pedí a Geney Beltrán que me recomendara un buen libro de poesía, que me sorprendiera, y llegó con este libro de Rafael Cadenas que me fascinó. Estoy agradecido por ello. Qué bueno, Sin Ma, que a ti también te agradaron los poemas.

    Va otro abrazo!

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