Responsabilidad del Estado

Se me había pasado recomendarles la lectura del artículo que publicó Ilán Semo en La Jornada, hace un par de días. El grado cero de la interpretación es un texto sustancioso, analítico y poético sobre los últimos acontecimientos relacionados con la violencia, los asesinatos y la protesta social. A decir de Ilán, el movimiento iniciado en Morelos, con un poeta a la cabeza, tiene un elemento nuevo: “Un nuevo y esencial grado de interpretación: el Estado no puede, en nombre de una ‘guerra’, escapar a su responsabilidad”. Escribe el autor:

Las velas traen otra luz a la plaza de Cuernavaca. Entre los neones de las marquesinas y los faros de los autos que marcan la noche de la ciudad, hablan de un fuego antiguo. Son apenas un murmullo, un latido. Incluso la íntima llama de una vela se asemeja a una voz humana, o a la vida misma: crispea, centellea, es frágil, delicada, se yergue, se tambalea, cambia de tono, se recoge sobre sí misma, vuelve a irradiar. Puede ser cálida o fría. Nada en ella se detiene. Cientos y cientos de amigos, activistas, vecinos, rostros que uno ha visto en Facebook, llegan silenciosos a la plaza. Vienen de blanco. Donde Humboldt encontró alguna vez la “eterna primavera” se ha cernido una noche de cuchillos largos. Los ojos, los semblantes, dicen lo que ninguna palabra puede enunciar: se ha roto el pacto más primigenio, se ha descendido a la parte maldita del ser.

Los manifestantes empiezan a entonar las primeras consignas. Algunas han sido redactadas por los poetas que asisten a la plaza, la otra gran familia de Javier Sicilia. La frase “poesía en movimiento” no es aquí una metáfora; es una simple y radical descripción. “¡Esta guerra no es la nuestra!” ¿Por qué entonces la muerte acecha en cada esquina? Se sigue llenando la plaza. Todos los asistentes saben que esa íntima y pública asamblea se lleva a cabo en No man’s land (tierra de nadie). En la primera Guerra Mundial, No man’s land era el nombre que los soldados daban a la zona que separaba a las trincheras enemigas. Quien quedaba atrapado ahí, en las noches sobre todo, estaba al descubierto, indefenso; podía morir bajo el fuego de cualquiera de los contendientes. En Chihuahua, en Culiacán, en Monterrey, los frentes de esta guerra, en la que nadie asume una cara, han disparado sobre quienes exigen explicaciones, investigaciones, juicios, justicia

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