De José Emilio Pacheco a Sicilia

Obviamente la poesía no puede inmovilizar las manos de quienes asesinan o torturan, de quienes inician una guerra y derraman sangre, pero la poesía, a decir de José Emilio Pacheco, puede convertirse en un concreto acto de protesta, en la palabra plural en la que todos reconocemos nuestro dolor y nuestra rabia. Convencido de ello, Pacheco rescata de la antigüedad los siguientes epigramas [yo transcribo unos cuantos] y los dedica a Javier Sicilia:

Calímaco: Bajo esta losa

Aquí enterró Filipo, su padre
a Nicoteles, niño de doce años:
su mayor esperanza.

Teognis: Nadie

En el país de la injusticia
nadie
puede sentirse a salvo.

Erinna: Vivos y muertos

Desde aquí
intentamos en vano hablar con ellos.
Pero los muertos
sólo conocen el silencio.
Las tinieblas devoran todo el resto.

Anacreonte: El desastre

Se hunde mi patria.
Asistiré a su ruina.

(Publicados en el número 1797 de la revista Proceso)

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