Escribir cuentos y novelas

Ante una simple pero a la vez compleja pregunta de si prefiere escribir novelas o cuentos, el escritor Ricardo Piglia respondió (en una charla en la librería Eterna Cadencia):

“La primera cuestión es si uno sabe, cuando tiene una historia, si va a ser un cuento o no. Habría una primera distinción de ciertas historias con duración limitada y otras que tienden a promover algo más parecido a una novela”. ¿Qué los diferencia? La sala llena de la librería, incluyendo a los dos presentadores, Jorge Consiglio y Patricio Zunini, escucha: “Quizás los cuentos están más conectados con las anécdotas y las novelas con los personajes . Por ejemplo, uno quiere contar un hijo que recibe un telegrama diciendo que su padre se ha suicidado y tiene que viajar a Mar del Plata; puede ser cualquiera el personaje que realiza esa acción. Mientras que habitualmente las novelas empiezan con personajes y luego se va definiendo la intriga.” Bien, entonces, ¿cuento o novela? “Mientras la ilusión mía con las novelas es que todas sean distintas, los primeros cuentos que he escrito en los años 60 y los que estoy escribiendo ahora son muy parecidos. Formalmente, quiero decir. Como si el cuento no fuera un espacio de experimentación como es la novela. Hay que pensar por qué pasa eso.” Y este es Piglia, el narrador : “Me gustaría escribir una novela sobre una guerra”, dice. “Aunque no tengo ninguna experiencia”. Sólo, dice, la colimba. Y acomódense, que viene el cuento: “Logré no entrar en diciembre sino en marzo, tres meses después que el resto de los colimbas”, dice. Y esto es lo que va a contar, pero abre un segundo relato, dentro del primero: “El Tata Cedrón me acomodó, era profesor de guitarra de la hija de un coronel, lo conocían los oficiales. Yo estaba tirado en un playón con todos los civiles que íbamos a recibir la instrucción, me vio y fue al tipo que estaba haciendo los destinos de los soldados y dice: ‘El coronel dijo que lo haga venir en marzo’ y nadie iba a preguntarle al coronel si había dicho eso, en el ejército nadie pregunta nada”.

Fin del relato insertado, volvemos al principal: “Entonces aparecí en marzo. Me dieron un uniforme inmaculado, me mandaron a la cuadra. La primera noche. Había una serie de rituales para acostarse, levantarse. La ropa estaba al pie de la cama, uno se vestía y pasaba el oficial de guardia haciendo la revisación. Y yo cuando me levanté me habían cambiado el uniforme nuevo y me habían puesto uno todo roto. Entonces estaba yo ahí parado con el uniforme roto y el oficial me dice: ‘¿Soldado, por qué tiene esa ropa toda rota?’ ‘No sé, me sacaron la ropa’. ‘¿Y por qué no cambió la rota por otra?’ me dijo. ‘Pero alguno hubiera tenido la rota’, le dije yo. ‘¿Usted es comunista, soldado?’’” El público se ríe. Lo celebra. Le preguntan de todo, le preguntan a quién va a votar y dice que a Cristina Kirchner porque “la política ha tomado un sentido distinto en la discusión general, más allá de la posición que uno tome”. Le preguntan por su vínculo con los lectores y aprovecha para tirar un diplomático palito a sus colegas: “Me llama la atención que muchos escritores argentinos estén ubicando novelas en Europa. En muchos es así porque les parece que está bien ponerla allí, y en otros, porque piensan que si la ponen en Europa quizás la novela va a tener un efecto más amplio. Ahí uno puede encontrar un signo de este tiempo, lo español, la idea de traducciones”

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