Factor Benjamin

Editorial Siglo XXI (¿o el FCE?) reeditó el conocido libro Siete ensayos sobre Walter Benjamin, de la crítica argentina Beatriz Sarlo. Con este pretexto, David Link la entrevista para Revista Ñ:

A lo largo del libro, caracteriza el proyecto benjaminiano en relación con la totalidad: no se trataría de “reconstruir una totalidad perdida a partir de sus restos” sino de “trabajar sobre las ruinas de un edificio nunca construido”; no “una renuncia a la totalidad”, sino la “busca en los detalles casi invisibles”; no “una ruptura aliviada o celebratoria con la totalidad, sino una crisis de la totalidad que, al mismo tiempo, se mantiene como horizonte de las operaciones históricas y críticas”. ¿Por qué le pareció realizar esas precisiones? ¿Necesitamos hoy de alguna forma de totalidad (siquiera utópica) que oriente nuestra lectura del mundo?
En los últimos treinta años se sucedieron la crisis, la descomposición final y el regreso inesperado de la idea de totalidad. Para poner un ejemplo de resurrección: Toni Negri la reintroduce como si nada hubiera pasado: el imperio es una totalidad-mundo; la multitud, su opuesto también total. Los jóvenes de la izquierda universitaria que lo leyeron la aceptaron como si ellos mismos no pensaran, al mismo tiempo, que la totalidad era un concepto que había caído en desgracia, porque se inscribía en la dominación filosófica burguesa: el Sujeto, el cogito, la dialéctica. En la actualidad, varias líneas del pensamiento ecológico sostienen una idea de totalidad a la vez natural y humana. Cuanto más romántica se vuelve la idea ecológica, más totalizante. Las frases que escribí y usted cita son la prueba de que yo estaba preocupada por la totalidad, de manera un poco contorsionada, con una distancia a la vez irónica y nostálgica. La olvidaba de modo explícito y, sin embargo, volvía porque necesitaba una totalidad, aunque débil, que permitiera explicar el presente. La idea de redención, que Benjamin nunca abandona, une los tiempos. Pasado, presente y futuro no son láminas independientes de experiencias irresponsables unas respecto de las otras, sino una continuidad sobre la que piensa que tenemos una deuda a pagar, una deuda con el pasado, una especie de culpa retrospectiva. El Benjamin mesiánico no puede prescindir de esa soldadura. Desde otro punto de vista, Benjamin está estéticamente alejado de una totalidad clásica. Eso lo demuestra en el Drama barroco , donde la alegoría moderna descuartiza los elementos que la vieja alegoría ordenaba. Y también en sus reflexiones sobre la imagen: ese congelado de incongruencias, la mirada de la Medusa que une y cristaliza. Creo que todo esto pasaba por mi cabeza cuando escribía esas frases. En cuanto a la necesidad de una totalidad: la crisis moderna de las religiones es el primer capítulo de una despedida y sucedió hace algunos siglos. De todos modos, es difícicl la posición de quienes reconocemos que la totalidad es imposible y, al mismo tiempo, alguna forma de totalización hace que todo sea más soportable y también más explicable. Adorno pensaba que lo que había estallado no podía recomponerse, porque no era sólo el estallido de una idea del mundo sino de una subjetividad. La nostalgia no es por algo que puede recomponerse sino por algo que, con el capitalismo, se ha perdido para siempre.

En “Postbenjaminiana”, considera que el videoclip y los cortos publicitarios son variedades de “postcine”. ¿No es también “Histoire(s) du cinéma” de Godard, con su perspectiva crepuscular y su dispositivo citacional un monumento postcinematográfico?
Las Histoire(s) son un monumento al cine del pasado. Quizás eso justifique el adjetivo “crepuscular” que usted usa y que yo no me animaría a sacar. Mucho antes Godard, con esa capacidad inigualable que tiene para las frases, había dicho: “Aguardo la muerte del cine con optimismo”. Se la veía venir, incluso cuando todavía La aventura o Un condenado a muerte o Las vacaciones del señor Hulot se estrenaban en las grandes salas. Hoy sólo los cinéfilos miran filmes como esos. Ahora bien, las Histoire(s) son un monumento a algunas formas de la estética del cine; Godard elige los filmes para ponerlos en serie con la historia del siglo XX y de la producción de los estudios (cita a los productores, obsesivamente, como si en esos nombres pretéritos hubiera una verdad del cine clásico). En esto es perfectamente moderno, tal como se puede serlo cuando la modernidad ya es considerada un estilo histórico y no el nombre del presente. En ese sentido, si usted quiere, la perspectiva es crepuscular: Godard no se coloca bajo otra luz. En cuanto a la escritura con citas, es un rasgo que llega de más lejos, de los años pop, para mencionar sólo un afluente. Godard cita, en imagen y en diálogo, toda la cultura moderna a la que pertenece. La cita le abre el campo de sus grandes operaciones con la subjetividad: en lugar de “chica y chico”, “libro y libro”. O más bien, como en Une femme est une femme : la chica y el chico se leen libros. Cuando me refería al postcine quise ponerle un nombre a algo que ya no pertenece a este continente estético y que, leído según sus leyes, es incomprensible, cansador. La mayoría de los filmes del mercado son postcine y es suficiente mirar los trailers para escribir una tesis de doctorado sobre la idea que el mercado tiene de lo que un filme debe prometer. El cine estableció relaciones entre el espacio de la representación y el tiempo de la representación. Su problema, como señaló Deleuze, fue el tiempo de la imagen y la imagen del tiempo. El postcine seguramente tiene otros problemas, pero no éste. La diferencia no pasa tanto por una política de citas sino por una hipótesis (varias hipótesis) sobre lo que se deja ver. En Chambre 666 , Wim Wenders le pregunta a Godard (que había filmado un corto publicitario) sobre la corta duración. Godard responde más o menos así: “Después de tres minutos hay que empezar a pensar”. El cine disponía de ese plus de tres minutos, porque su unidad formal mínima no era el clip sino el plano

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2 Responses to Factor Benjamin

  1. Las entradas de este blog siguen siendo apasionantes! Como siempre. Tengo varias pendientes.
    Un abrazo
    Miriam

  2. Irad says:

    Mi querida Miriam:

    Gracias por tu comentario.

    Sé que lo he dicho muchas veces, pero ahora sí pienso viajar a la Ciudad de México en unos 15 días. Espero verte por allá.

    Un abrazo!

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