Entrevista a Michael Sandel

A propósito de su libro Justicia (Debate, 2010), El País entrevista, brevemente, al reconocido filósofo político, pensador riguroso, Michael Sandel:

Pregunta. ¿Por qué ocuparse de la justicia ahora, y hacerlo con una mirada global?

Respuesta. En los últimos años se impuso la idea de que era suficiente con que la economía funcionara. Y ha sido un error: no se pueden eliminar los argumentos políticos, y no se puede pensar que el mercado establece por sí mismo la justicia y la equidad. La fe en el mercado ha eliminado cualquier debate público sobre ética y justicia.

P. Y ha generado mayores desigualdades. Gracias a los bonus millonarios que reciben los ejecutivos financieros, por ejemplo.

R. Conviene preguntarse por qué los contribuyentes tienen que contribuir al enriquecimiento de aquellos que propiciaron la crisis por sus conductas imprudentes. Pero no solo conviene fijarse en lo que pasa ahora: hay que analizar lo que sucedió en los tiempos de bonanza. Habría que ver si los altos sueldos que se fijaron entonces banqueros y agentes financieros respondían a su talento y a su dedicación o si, más bien, obedecían a causas externas.

P. Con el argumento de defender la libertad muchas veces se han tolerado ignominias, como las dictaduras de los países árabes.

R. Los manifestantes de la plaza de Tahrir, por referirme a un caso concreto, no solo han conseguido que Mubarak abandonara el poder sino que han obligado a Occidente a enfrentarse al conflicto que existe entre sus políticas reales y sus grandes ideales. A veces conviene pasar un poco de vergüenza para hacer autocrítica.

P. Es difícil manejarse en el presente, pero nuestras sociedades también reclaman que se haga justicia con casos que ocurrieron en el pasado.

R. En las sociedades que han estado divididas o han sufrido guerras civiles y atrocidades se produce siempre una tensión entre la justicia que debe hacerse y la reconciliación que se necesita para seguir avanzando. Pero no es posible reparar el tejido social que se ha roto sin tener en cuenta la memoria histórica. La responsabilidad moral no es solo individual, tiene una proyección histórica y colectiva, así que debe transmitirse de generación en generación. Frente al pasado, la responsabilidad moral es la de superar divisiones y odios heredados para convivir en el presente. También ante el futuro, en retos como el del cambio climático, existe esa responsabilidad moral. Es justo que procuremos dejarles a los hijos de nuestros hijos un mundo que sea habitable.

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