Saber decir

Para Adela Cortina el peor enemigo de la libertad de expresión, sobre todo en países democráticos, es la incapacidad para expresarse, para decir, para escribir. “Sí sé lo que me pregunta, pero no sé cómo decirlo”, suelen contestar muchos alumnos ante una pregunta del profesor. No saben expresarse. Una buena vida social, en la que los ciudadanos dialoguen y discutan sobre sus valores, proyectos, leyes o deseos, sobre su futuro político como comunidad, depende en parte de saber decir y exponer, sostiene Cortina, y escribe:

La pobre libertad de expresión, tan amenazada ya en los regímenes autoritarios por la malsana tendencia a cerrar medios de comunicación o encarcelar sospechosos, y en los países democráticos, por el peso inmisericorde de lo políticamente correcto, tiene en la incapacidad de expresarse el peor enemigo.

El hombre -venía a decir Aristóteles- es un animal social, porque cuenta con un tesoro precioso, la palabra, que le permite deliberar con las demás personas sobre lo justo y lo injusto, sobre lo bueno y lo conveniente. Y esta es la buena vida social, la de aquellos que dialogan sobre sus deseos, sus preferencias, sus valores y tratan de decidir conjuntamente qué les parece mejor. Pero ¿cómo puede llevarse adelante este proyecto de vida en común sin, entre otras cosas, saber decir?

Podría parecer que en esta nuestra “sociedad de la información” la infinita cantidad de cauces de comunicación, el número apabullante de redes que conectan entre sí todos los lugares de la tierra, nos ha salvado de las limitaciones comunicativas de otros tiempos.

Los chats, los blogs, la televisión y la radio interactivas, las TIC que pueblan las aulas escolares y universitarias, por supuesto los correos electrónicos y los teléfonos móviles con su inabarcable cantidad de prestaciones y, por último, pero no en último lugar, el Power Point son medios tan poderosos para conectar a las gentes que la incomunicación entre los seres humanos debería dormir ya el sueño de los injustos.

Pero ¿es realmente así?, ¿nos comunicamos mejor por eso? No parece. Y tal vez en el fondo de ese fracaso se encuentre, entre otras muchas causas, ese no saber decir, ese descuido del lenguaje, que es un mal endémico

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