Filosofar es declarar la guerra…

Daniel Arjona entrevista en El Cultural al filósofo Javier Gomá, con motivo de la publicación del libro Ingenuidad aprendida (Galaxia Guntenberg, 2011) en el que apuesta por una libertad crítica, beligerante, que declara la guerra a lo que carece de emoción y movimiento (porque es ésta la tarea del filósofo). Les transcribo una parte del diálogo:

Pregunta.- Afirma que Ingenuidad aprendida es un grito de guerra. ¿Por qué tal beligerancia en un pensador aparentemente tan sosegado como usted?

Respuesta.- Porque la esencia arde. A quien intuye, aunque sea borrosamente, la esencia de las cosas importantes, le domina una impaciencia muy beligerante. La emoción es una palabra que etimológicamente indica movimiento: un filósofo es alguien que siente una emoción interna que lo dispara hacia delante (en algún sentido, un filósofo es un automóvil). Le declara la guerra a lo que se queda parado, porque es algo inerte que no tiene emoción ni movimiento.

P.- Y sin embargo la emoción, en estos tiempos, parece enseñorearse por todas partes. ¿Cómo podemos afirmarla sin hacerle luz de gas a la desamparada razón?

R.- La pregunta presupone que el sentimiento es irracional, que es lo que afirmó la tradición filosófica mayoritaria, siempre muy intelectualista. Pero hay otra corriente de pensamiento paralela que reivindica el carácter racional del sentimiento. Es posible basar lo racional en una suerte de educación sentimental.

En nuestro país, dado lo inhabitual de propuestas teóricas como la de Gomá, que escapa a las categorías usuales y que además lo hace desde una llamada militante a la acción a pie de calle, resulta obligado pensar en quién puede recoger el guante. “Yo mismo me hago esa pregunta”, confiesa Gomá. “Cuando hablo de la gestación de una nueva civilización sobre bases nuevas me doy cuenta de que nunca se ha intentado una civilización igualitaria y secularizada. En realidad, los más incapacitados para comprenderlo serían los campeones del paradigma anterior, el paradigma de la liberación, que tan necesarios fueron pero que ya han cumplido su misión. El problema ahora ya no es liberarse sino cómo vivir juntos y cómo hacerlo con límites consentidos a la libertad. Y es que no hay nada más difícil que ser contemporáneos”.

P.- ¿El ingenuo Javier Gomá ya ha interpretado suficientemente el mundo y lo que trata ahora es de cambiarlo?

R.- Durante tres siglos, el filósofo ha permanecido en la buhardilla tomando más conciencia de sí mismo. Esto ha sido algo muy importante porque le ha dado el sentimiento de su propia dignidad. Pero ahora el tema que tiene pendiente nuestra cultura no es la conciencia sino la convivencia, y para eso ya no sirve el pensador misántropo que sospecha de todo y a todos los gatos les ve tres, cinco o cinco mil patas. Necesitamos un filósofo que auténticamente lo sea y que al mismo tiempo baje a la plaza y acuda al salón. Ha de hacerse apresuradamente mundano para contribuir a cambiar las mentalidades de las generaciones futuras

Una crítica del libro, escrita por Jacobo Muñoz, pueden leerla aquí.

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