La brevedad en tiempos postmodernos

La Jornada semanal publica un extraordinario, crítico y sugerente artículo de Fabrizio Andreella sobre la brevedad y el deber de instantaneidad constante (en el tiempo postmoderno) a que nos obliga o nos reduce esta era digital, plena de “botanas informativas, visuales y emocionales”, que necesitamos digerir con facilidad y con rapidez. Antes en las formas breves del discurso -el aforismo, el verso, el relato, la sentencia, el epigrama, etc.- se concentraban el pensamiento y la poesía; ahora se acude a la brevedad porque hay sobreabundancia de información, padecemos angustia y desesperación por pasar a otra cosa. Como dijo algún autor, nos hemos convertido en lectores y hasta escritores “multi tareas”, más preocupados por la cantidad que por la calidad, más interesados en postear que en escribir. “Los bloggers, afirma Fabrizio, son más bien corredores de noticias, o diyéis de la información que ofrecen una experiencia del mundo a través de las noticias escogidas. Hay quien toca música pésima, y otros que son muy buenos, pero es la reputación que alcanzan lo que determina el éxito del ‘proceso de civilización mediático-digital’ que nos toca. Nos guste o no, estos almaceneros y diyéis son las venas por donde corre la sangre digital de la información.”

Les dejo un fragmento del texto de Andreella:

I

En la época de la velocidad absoluta el tiempo es una espera. Contradicción aparente, porque si todo es miniaturizado por las prestaciones de la tecnología, no es que ganemos tiempo, más bien lo fragmentamos en una multitud de esperas momentáneas.

Lo que nos parece una ampliación del tiempo es en realidad una segmentación. El tiempo es desmenuzado como la pantalla de una televisión por cable: mil canales y un control remoto que pulveriza la atención y mueve las caderas de la información en un baile sin fin de pequeñas curiosidades.

Muy a menudo nos toca esperar unos segundos para que un aparato termine de procesar los datos que hemos inyectado en sus entrañas. (Cero-uno, cero-uno. El código binario del mundo digital trabaja para nosotros.)

Claro está que el tiempo de espera es siempre más corto, porque el pertinaz desarrollo tecnológico quiere dar espacio también a otras actividades de las maquinas y a otras esperas de los humanos.

El tiempo de la cotidianidad contemporánea es entonces como uno de esos quesos punteados por minúsculos agujeros, imperceptibles y claustrofóbicas salas de espera en las cuales nos acomodamos mil veces durante el día. Adentro no hay revistas que leer o desconocidos con quienes hablar. Todo es demasiado rápido para empezar algo nuevo, y demasiado lento para no percibir la discontinuidad. No hay más que esperar.

Ese tiempo libre no es un espacio para el ocio creativo, sino algo que hay que llenar con tabletas de vitaminas entretenidas, o sea juegos, noticias, chateos, mensajes cortos, pedazos de música digital, fotos, videos: pastillas que se encuentran en la farmacia trashumante que tenemos en el bolsillo, el iPhone o sus imitadores

Sí, hoy tenemos mucho tiempo libre, pero es un simple adorno que tiene la misma consistencia e importancia del azúcar glass esparcido sobre un pastel. ¿El tiempo tamizado por nuestras herramientas tecnológicas es un tiempo apacible para el sistema nervioso? Y sobre todo, ¿influye en nuestra experiencia?

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