Apuntes sobre el turismo

En su crónica/ensayo Viva el turismo, publicada por la revista etiqueta negra, el escritor y viajero Martín Caparrós nos habla del turismo -esa inútil y sabrosa actividad que se ha vuelto tan rentable en los últimos años-, de sus extraños practicantes, una especie de fauna nómada que incluye a ejecutivos y sus secretarias anexas, a estudiantes, a periodistas, a señoras con hijos escandalosos y tosijosos, a escritores que van de un avión a otro (con el pretexto de “encuentros literarios”) y a ociosos propiamente viajeros. Escribe Caparrós:

El aire de los aeropuertos siempre es parecido pero nunca igual. Hay turbulencias: ya hace  como treinta años que los aviones se han transformado en un medio de transporte un poco demasiado democrático, donde se mezcla gente que normalmente no se mezcla. En los aeropuertos, esperando aviones, hay abuelas que vuelven al país con su insistencia en no ser distinguidas: en la aceleración de los tiempos modernos no hay nada más plebeyo que una vieja con las piernas amorcilladas por el elástico de una media que le queda baja. O están sus hijas e hijos, trabajadores emigrados que vuelven por un mes al país y se emperifollaron hasta lo último porque tienen que llegar mostrando que soportar los maltratos de los racistas les sirve para algo. Y jovencitas de curvas hiperbóreas con mochila, cuyos padres pueden echar al inmigrante de al lado con sólo escupir una vez en el suelo, y esos señores de trajes implacables que no precisan siquiera pensar en el esputo, y los gerentes que se van tres días al Caribe con la secretaría más pulposa so pretexto de una convención, y las secretarias menos pulposas que no consiguieron un gerente y se van de a tres al Caribe pero en cuotas. Hay equipos de fútbol que vienen de perder por 1 a 0, equipos que están seguros de que van a ganar por 4 a 1, equipos de cuyos resultados nunca sabremos nada, pilotos que peinan sus canas con fijadores de free-­shop, azafatas que se las peinan con cariño, niñas, señoras más que gordas, funcionarios de ongs tan compasivas, plantaciones de niños que lloran todos juntos, seis artistas de diversas artes, un traficante de coca que puede ser any of the above, el periodista que por fin se ligó un viaje, las madres con chicos que van a encontrarse con el padre después de tanto tiempo, y toda esa gente que se resiste a ser descrita. Siempre que subo a un avión los miro un rato y me digo qué raro, pensar que quizá nos muramos todos juntos

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