Revolución íntima

Para conmemorar el veinticinco aniversario de la muerte de la escritora feminista Simone de Beauvoir (1908-1986), autora de libros emblemáticos como El segundo sexo y Memorias de una joven formal, el diario Le Monde organizó un encuentro entre la escritora Josyanne Savigneau; la lingüista y psicoanalista Julia Kristeva; Liliane Kandel, socióloga, feminista e integrante de la revista de filosofía Les Temps modernes; Wassyla Tamzali, abogada y ensayista argelina; y Caroline Fourest, periodista, ensayista y directora de la revista ProChoix. Para conocer algo de lo que ahí se dijo, Revista Ñ traduce y publica extractos de ese diálogo intelectual en torno a una de las figuras más interesantes del feminismo:

Wassyla Tamzali: “Hace largo tiempo, me impactó muchísimo una frase de Beauvoir, que me impulsó a tomar un camino que desde entonces no he abandonado. En Para una moral de la ambigüedad , dice que “considerarse libre, es querer a los demás libres”. Es algo que comprendí muy bien en el medio donde evolucioné y donde habría podido contentarme con una libertad individual. Pero me di cuenta de que no podía ser libre sola, que hacía falta que los demás fuesen tan libres como yo. Sin duda, es ese el comienzo de mi compromiso con el feminismo. Hoy, le doy gracias a Beauvoir porque, en todos los momentos difíciles del período de la islamización –del cual todavía no hemos salido– pero también en el período en que tuvimos dificultades para hacer que se reconociera nuestro deseo de libertad e igualdad en Europa, incluso por algunos intelectuales, ella me permitió construir y mantener este discurso feminista con relación a Argelia. Entendí que una de las formas de oponerse a ese muro de islamización que se estaba levantando entre nosotros y la libertad era mantener vivo y construir ese discurso restableciendo el sentido de la Historia y transmitiéndolo a los jóvenes. Por ejemplo, cuando las jóvenes estudiantes con quienes me reuní en Constantina me dijeron “queremos hacer algo por las mujeres”, yo les contesté: “Hagan algo por ustedes mismas. ¡Lean a Simone de Beauvoir!” Julia Kristeva: “Quizá una de las razones por las que las calumnias todavía caen sobre Sartre y Beauvoir es que crearon una pareja muy extraña, escandalosa, porque no era conformista. Los dos tenían libertad sexual. Durante un período de su vida, tuvieron una gran complicidad, a la vez sexual e intelectual. Luego, tuvieron una especie de acuerdo que consistía en construir la pareja no como una relación dominante-dominado sino como un lugar de debate. Y hacer de una pareja el lugar de debate entre un hombre y una mujer, donde se respete el cuerpo y el pensamiento del otro, es algo que va contra dos esquemas que tenemos. Uno es el que llamamos sadomasoquista – Beauvoir buscó, además, profundizar esta cuestión de la dominación y el sadomasoquismo en su ensayo ¿Hay que quemar a Sade? – y el otro es el de la pareja romántica. Este es el modelo de la pareja ideal que nos propone la sociedad del espectáculo, una forma moderna de la religión. La religiosidad cree firmemente que el paraíso existe, y ese paraíso no puede ser otro que la pareja que se entiende de manera ideal

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