Entrevista con Vila-Matas

A propósito de la publicación de la Biblioteca Enrique Vila-Matas en Mondadori, Alberto Ojeda entrevista al narrador:

Pregunta.- Cuenta en el prólogo que su vocación primera fue la de cineasta…

Respuesta.- Sí, llegué a rodar dos cortometrajes en el año 70 en la Costa Brava que se presentaron en el Festival de Benalmádena. Uno se titulaba Todos los jóvenes tristes y el otro Cine verano. Era un cine no narrativo, ligado a las vanguardias de la época, con escaso porvenir comercial. Los tiene la filmoteca de Cataluña. Despertaron interés pero aquel festival tuvo un final muy accidentado porque Ricardo Franco decidió levantar el puño en la despedida. Acabamos encerrados y rodeados por la Guardia Civil. A la larga es eso lo que más se recuerda del festival.

P.- En El viento ligero en Parma dice que más que escritor le hubiera gustado ser torero…

R.- He hecho muchas entrevistas. Una vez me preguntaron en el periódico francés Liberation que cuál había sido mi vocación inicial. Hay una serie de fotografías de cuando tenía cuatro o cinco años y veraneaba cerca de Barcelona en las que aparezco vestido de luces. Toreaba a cabras salvajes disecadas que había cazado mi abuelo. Era una prueba documental. Mi respuesta, espero que se entienda, era una manera de contestar a una pregunta tan difícil.

P.- Fue el encierro obligatorio en un colmao del cuartel de Melilla el que desencadenó su escritura, para llenar las horas muertas. ¿Un malentendido?

R.- La mili fue una interrupción precisamente en mi trabajo en el cine. Tenía un año por delante en la plaza fuerte de Melilla en el que no iba a poder rodar nada. Quise en la medida de lo posible aprovechar el tiempo en algo artístico y me puse a escribir una novela sin ambición ni deseo de publicar. A mi regreso a Barcelona se interesó por leerla y por publicarla Beatriz de Moura, la editora de Tusquets, que estaba empezando con la editorial. Y al final se publicó sin que yo lo tuviera previsto. Así empecé a escribir, no porque estuviera revestido de un destino glorioso, sino por un accidente o un malentendido.

P.- Y los malentendidos, como dice Kafka y usted recuerda en el prólogo de En un lugar solitario, abocan a la ruina. ¿Su caso personal confirma este negro vaticinio?

R.- Es una ironía que utilizo para comentar esta llegada accidental a la escritura. Me es muy difícil saber ahora si la literatura conduce a la ruina. Eso es algo que ya se verá. Lo importante de este prólogo es la recapitulación de momentos en que yo siento que me estoy convirtiendo en escritor, cuando las frases normales pasan a ser frases literarias. Cada uno de los cinco libros agrupados en En un lugar solitario supone un paso más hacia la fatalidad o un destino alegre. Veremos

Pueden leer La verdad de Vila-Matas, en el bolsillo, de Carlos Geli.

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