¿Diviértete leyendo?

Con personajes del espectáculo que seguramente no leen el gobierno federal y otras instituciones han lanzado, otra vez, una campaña para (dizque) promover la lectura, “porque es buena”, “porque nos hace mejores”. Aunque no es nada nuevo, esta campaña parece instalarse en la fama y en el espectáculo para desde ahí invitarnos a un microuniverso de soledad y vida interior como es la lectura.  ¿En realidad quieren que leamos? Sobre esta nueva campaña redentora escribe hoy el poeta David Huerta:

Por enésima vez, el gobierno federal ha emprendido una campaña para que la población de nuestro país se dedique a la lectura. Las anteriores campañas no nada más han fracasado: han mostrado la ineptitud de funcionario y planificadores entre cuyos hábitos, a la vista de los resultados y de las vías utilizadas, no está el de leer.

Uno se pregunta, con ánimo variable: ¿de veras quiere el gobierno que la población mexicana lea?, ¿con qué propósito lo desea?, ¿le conviene en realidad o, si no le conviene, cómo podríamos calificar esa forma de la hipocresía que parece animar esta campaña?

La campaña actual echa mano de famosos del espectáculo para invitar a leer. Es decir, dizque aprovecha un mundo opuesto al de la lectura -en el cual son necesarios el aislamiento, la soledad, la concentración- para fomentar esa costumbre intelectual. Veamos los rasgos principales de esta situación.

El mundo del espectáculo es estridente, multitudinario, difuso; en él se trabaja con la mirada puesta en la consecución de un ídolo supremo: la ganancia fácil. Está empapado por el utilitarismo de las grandes ganancias económicas, entonces, cuanto más inmediatas, mejor; por otro lado, en ninguna parte es posible encontrar en los espectáculos de masas de la actualidad la menor elaboración intelectual, un microgramo de decoro estético o el mínimo atisbo de pensamiento reflexivo. Probablemente así está bien, y a su manera un poco deforme ese mundo espectacular contribuye al equilibrio del universo (no lo sé… aunque lo dudo). La incoherencia reside en ese imposible y desagradable “encuentro de dos mundos” tan disímiles.

Las ganancias de la lectura no son fáciles de discernir y aun es dudoso que las haya; por lo menos en el sentido corriente que tiene entre nosotros, ahora, la palabra “ganancias”: si leo una novela de Gabriel García Márquez o un libro de poemas de César Vallejo, ¿qué gano? Para algunos lectores, la ganancia está muy clara: un cierto grado de prestigio social y una fama de “persona instruida”; pero sería difícil contar logros semejantes como ganancias desprendidas de la lectura. (En términos de una crudeza un poco grosera, conviene más comprarse un automóvil último modelo que andar por ahí presumiendo de ser un ávido lector.)

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One Response to ¿Diviértete leyendo?

  1. Julieta says:

    Primero informense no es del Gobierno Federal… y es una iniciatia de la sociedad civil…

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