Diálogo con Ricardo Piglia

Pedro Pablo Guerrero entrevistó al escritor argentino Ricardo Piglia a propósito de su nueva novela Blanco nocturno (Anagrama, 2010). Esto resultó:

-Su editor, Jorge Herralde, dijo que a usted le cuesta dar por terminado un libro. ¿Por eso demoró tanto en volver a la novela?

-Si uno tarda mucho en publicar, da la sensación de que es muy perfeccionista, pero yo no diría que es mi caso. Más bien mi método de trabajo, que no le recomiendo a nadie, consiste en hacer varios borradores. Escribo una versión, la dejo estar un tiempo y la reviso. Lo esencial es la trama, y las primeras decisiones nunca son las mejores.

“Siempre he buscado personajes extremos”

En varias entrevistas, Piglia anunció que Blanco nocturno transcurría durante la Guerra de las Malvinas. Sin embargo, la única referencia al conflicto en la novela es una nota a pie de página que explica el título del libro. En una de las versiones iniciales, recuerda Piglia, la historia sucedía en Adrogué, donde Emilio Renzi -personaje habitual de sus ficciones- había ido a pasar una temporada y conocía a una muchacha.

-¿Qué sucedió en el camino?

-Cuando releí el material, me di cuenta que la novela quedaba demasiado encerrada en esa historia personal y entonces pensé que era mejor desplazar la narración diez años antes, a 1972. Me pareció un poco demagógico lo de la guerra. No me gustan las novelas que usan momentos históricos para crear un interés suplementario. Mi intención original fue siempre escribir un libro que tuviera como centro a Luca.

-¿Te atrae esta clase de personajes obsesivos?

-Me interesa escribir novelas donde los personajes tienen una experiencia mayor que la de los lectores. No historias cotidianas, que pertenecen a otra rama de la literatura muy respetable. He buscado siempre personajes extremos y una manera de encontrarlos ha sido en estos inventores medio locos, atados a grandes proyectos que, en general, fracasan. Por otro lado, intentaba recuperar un mundo que se está perdiendo: el de la gente que entiende de máquinas. Cuando niño, en todas las casas había un galpón de herramientas donde el padre desarrollaba, aunque no se dedicara a eso, un saber más o menos técnico que funcionaba como un mundo paralelo. Blanco nocturno expande la historia real de un primo inventor que era prácticamente un boceto de Luca

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