Dos puntos de vista

En su Block de notas, publicado el pasado sábado en La Jornada, Ilán Semo aborda el tema de la lucha contra el narco, una “guerra sin objeto/sujeto“. Dice Semo:

Ganadores y perdedores de una guerra sin objeto/sujeto. La guerra contra el narcotráfico que desató el Poder Ejecutivo a partir del año 2007 se tradujo, como toda guerra, en la demarcación de “zonas de guerra”, bajas de combate, definición y rearme de contendientes y afectación de “civiles”. Pero el dilema de esta peculiar guerra es que no tiene sujeto, no tiene un enemigo-objeto. ¿Quién es el narco? ¿El que siembra? ¿El que transporta? ¿El que provee? ¿El que encubre? ¿El policía municipal que se hace de la vista gorda? Todos ellos nodos y nudos de una red que trabaja de manera equivalente del “otro lado”. Vista así, es (de antemano) una guerra interminable, porque su enemigo no es simplemente otro “armado” sino una economía creciente, es decir, una demanda interminable de nudos y nodos que consoliden el flujo.

Y en rigor así ha sido. A cuatro años de desatadas las hostilidades, el gobierno ha perdido aparentemente en todos los renglones: hoy se produce más, se transporta más, se consume más y, sobre todo, se mata más. Las bajas se apilan entre las comunidades y entre las fuerzas del orden. ¿Qué sentido ha tenido entonces el combate contra el narcotráfico?

Ya desde Maquiavelo, la teoría política debió enfrentar una pregunta que siempre acaba por retornar: ¿por qué el ejercicio de la violencia trae consigo la legitimación de quienes gobiernan? La búsqueda de respuestas a esta interrogante consumió la genialidad de Hobbes, Locke, Montesquieu, Kant, Hegel, Marx y Weber, entre muchos otros. Pero en el México de hoy arroja dilemas que aún están por ser formulados. Mientras que el gobierno “pierde” en el frente de guerra, mientras que la población sufre (es un eufemismo decir que en toda guerra pasa lo mismo) con las incursiones militares, los registros que hoy gobiernan a la opinión, la percepción y la conciencia ciudadanas están salvajamente dominados por los embalajes del narco, por los sintagmas del miedo, por la paranoia de una guerra sin sentido. Si una sociedad es el cúmulo de percepciones que produce sobre sí misma, para la sociedad mexicana no parece existir ningún otro problema hoy más que el de su secuestro por una guerra que ha arrasado con su mínima civilidad. Y en este sentido, la derecha ha triunfado en todos los renglones. Ha triunfado con su agenda, con su peculiar sentido de la legitimidad, con su banal manera de erradicar todos y cada uno de los problemas sociales (educación, salud, vivienda, pobreza, productividad, etcétera) del horizonte de expectativas de la actualidad

En otra perspectiva, Enrique Krauze se pregunta ¿Hay narcos pacifistas?

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