Historia de la obesidad

El Malpensante, a través de la periodista Renée Kantor, entrevistó al historiador y profesor de la Universidad de París V Georges Vigarello a propósito de su nuevo libro sobre el tema de la obesidad: Les métamorphoses du gras. Histoire de l’obésité (Seuil, 2010). En el siguiente diálogo Vigarello explica cómo ha evolucionado la lo largo del tiempo la concepción de la gordura:

¿En qué momento surge una definición de lo que se entiende por obesidad?

La primera definición importante de la obesidad aparece en el tratado La grande chirurgie, chirurgica magna, escrito por Guy de Chauliac en 1363, donde dice que una persona es gorda cuando “se convierte en un gran montículo de grasa y de carne que le impide caminar sin enojo, tiene dificultad para calzarse los zapatos a causa del tumor de su vientre y no puede respirar sin impedimento”. Es un texto decisivo que muestra muy bien las dificultades que había en el siglo XIV para hacer una distinción sutil entre gordo, grasa y carne.

Usted afirma que para escribir una historia de la obesidad hay que prestar atención a las palabras. ¿Podría explicar en qué consiste este estudio de la historia a partir de las palabras?

Esa pregunta es muy importante y concierne a la historia del cuerpo en general. ¿Cuáles son las fuentes? Hay dos grandes tipos de fuentes: los discursos y las imágenes. Si hablamos de discurso, me parece evidente que el cuerpo se des-cribe por medio de las palabras, y los cambios en los términos son a veces muy reveladores sobre los cambios en la repre-sentación e incluso en una manera de vivir el cuerpo. Cuando advertimos que hay nuevas palabras para designar la obesi-dad, constatamos que esas palabras corresponden a una época, que enriquecen la mirada sobre la obesidad e incluso la transforman. Le pongo un ejemplo: la palabra “obesidad” comienza a utilizarse en Francia a comienzos del siglo XVIII y se la equipara a un concepto ligado a una representación patológica. A partir de allí se multiplican los vocablos que atañen a la obesidad –por ejemplo: grueso, rollizo, regordete, corpulento, orondo, robusto–. Podemos asociar este enriquecimiento del vocabulario a un enriquecimiento en los matices del significado que adquiere la palabra. Nos acercamos a un concepto más diversificado. La mirada se toma su tiempo para percibir formas de gordura diferentes para luego objetivarlas.

Usted refiere algo similar en la Historia de la violación…

Sí, sí, en efecto. Es un ejemplo que muestra hasta qué punto las palabras son importantes. No tiene que ver ni con la obesidad ni con la apariencia, pero sí con la historia del cuerpo. En el derecho antiguo no se menciona la palabra “violación” sino “rapto”. Rapto quiere decir retener a alguien y por lo general se consideró un delito. En la jurisdicción francesa había dos niveles de gravedad: por un lado se hacía referencia al rapto de seducción, que consistía en cautivar a una joven, apartarla de su hogar y convencerla de tener relaciones íntimas para forzar el matrimonio. O sea, consistía en sustraer a la mujer a sus autoridades legítimas: el padre o la familia. Por otro lado, estaba el rapto de violencia, que fundamentalmente era apropiarse de la mujer con malos tratos, aunque en los expedientes nunca se menciona la palabra “violación”. Esto sugiere un matiz importante; quiere decir que cuando uno utiliza la frase rapto de violencia se continúa en un universo donde la mujer depende de alguien, uno se la saca, se la quita a otra persona. En algunos textos de la época podemos leer que el rapto de seducción es todavía más grave que el rapto de violencia, porque en el primero uno transforma la mentalidad de alguien, mientras que en el segundo no. Es solo a partir de la Revolución Francesa que la palabra “violación” aparece en el código penal. Esto significa que si no se utiliza la palabra “rapto” es porque ya no se considera que uno le sustrae la mujer a alguien, sino que esa mujer toma sus decisiones y actúa como un individuo independiente. Lo anterior demuestra hasta qué punto el cambio de terminología es revelador de un cambio de representación, un cambio de la mirada sobre el cuerpo.

Según su libro, la palabra “gordo” no era necesariamente estigmatizante en la Edad Media. ¿A partir de qué época se modifica esa noción?

Sobre la época medieval hay que subrayar dos cosas importantes: existía por lo menos una distinción entre gordo y muy gordo. Lo vemos muy bien cuando en las crónicas latinas utilizaban las palabras “pingue” (gordo) y “prépingue” (muy gordo). En el caso de la persona muy gorda, el término era en efecto negativo porque designaba a una especie de inválido. Por ejemplo, si se trataba de un hombre, éste encontraba gran dificultad para montar a caballo; si era una mujer, se pensaba en ella como alguien que había perdido su forma corporal. El gordo era alguien objeto de rechazo, venganza o crítica. Sin embargo, la palabra no era necesariamente peyorativa, contradicción aparente que se explica con facilidad por el contexto histórico. En el período central de la Edad Media, sobre todo entre los siglos XI y XII, había una dificultad real en gran parte de la población para acceder a los alimentos. Solo los privilegiados lograban alimentarse de acuerdo con sus necesidades. Esta élite procuraba destacar el grosor de sus carnes para demostrar su dominación y, de paso, valorizarse ante la gente. En las novelas medievales hay una admiración manifiesta hacia los caballeros capaces de comerse varios pollos o tomarse muchas botellas de vino en una sola sentada. Pero ésta es una característica de un período que yo calificaría como “del hambre” en la sociedad occidental. Es el único gran período en el que el gordo goza de una valoración explícita que tiene relación con un poder a la vez social y físico. Se suponía que el gordo era alguien necesariamente fuerte. Había una valorización de la apariencia

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One Response to Historia de la obesidad

  1. MA. DE JESUS RODRIGUEZ COPADO. says:

    gracias por ampliar mis conocimientos

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