Sobre cine documental

A partir de las interrogantes que le lanzara nuestro amigo Josafat Moraila, Ernesto Diezmartínez desarrolla toda una reflexión acerca del cine documental que bien vale la pena leer. El texto:

Hace unos días, el lector transterrado Josafat Moraila me envió un largo correo que plantea varias preguntas sobre el cine documental, tan de moda en el blog en los últimos días -por Ambulante 2011, por Presunto Culpable. A continuación, una versión reducida y editada de las preguntas de Josafat y, luego, mi respuesta y reflexiones:

“Usted apreció mucho la primer parte de Zeitgeist, la que habla sobre la religión pero, en realidad, todo el documental está hecho con recortes y pegostes de imágenes fotográficas encontradas en internet o videos ya existentes, ¿qué diferencia hay entonces entre un libro con la misma información?, ¿dónde queda lo visual, lo que hace al cine al fin, sin importar su género? Por otro lado existen documentales visualmente bien hechos: ¿hacer un documental visualmente bello sería demasiado, algo inútil? También está el caso de Los que se quedan, filme del cual los dos somos very fond of it pero ¿no será acaso por sus personajes documentados y no meramente por una investigación periodística? Por último, ya que menciono el periodismo, qué hay de los trabajos periodísticos para la televisión, ¿eso sería considerado cine? ¿o acaso estoy cometiendo el error de ponerle la etiqueta de cine cuando simplemente es documental a secas?”.

Como dijera el viejo Jack, vamos por partes. El cine documental es cine, valga la perogrullada. De hecho, es el primer cine existente -los otros dos son, en orden de aparición, el cine de ficción con sus respectivos géneros, y el cine de animación, con todas sus distintas técnicas y géneros. El cine documental también tiene géneros propios: el documental etnográfico, el documental-ensayo, el documental militante, el documental de la vida animal, el documental deportivo y un largo etcétera.

En Zeitgeist -un documental-ensayo entretenido aunque de contenido más que discutible-, en efecto, se echa mano de fotos, imágenes, animaciones y material videográfico/cinematográfico, pero esto no demerita, necesariamente, al documental. Hay grandes cineastas que han hecho toda su obra precisamente con el manejo preciso de este material: véase la fascinante obra documental/intelectual de Adan Curtis (The Century of Self/2004, The Trap/2007), la deportiva e histórica de Ken Burns (Baseball/1994) o la del oscareado este año Kevin Browlown (Hollywood/1980), quienes hicieron de la edición de material fotográfico/visual -además de las cabezas parlantes- todo un arte.

Un documental visualmente bello, sin narración, que deje a las imágenes y sonidos hablar por sí mismo también es válido. Aquí podríamos dar muchos ejemplos, pero baste mencionar la reciente y notable Sweetgrass (Barbash y Castaing-Taylor) que, por cierto, se está exhibiendo dentro del Ambulante 2011

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