Libros impresos y electrónicos

Libros impresos y electrónicos

“El juicio sobre el libro electrónico”, escribe Román Gubern, “aparece sesgado entre quienes hemos crecido y nos hemos formado, intelectualmente y sentimentalmente, con el libro códice de papel, hasta crear con él una verdadera dependencia emocional” (Metamorfosis de la lectura, 2010). ¿Cómo ser imparcial en el análisis sobre el futuro del libro electrónico cuando se tienen fuertes vínculos con el libro impreso? ¿Cómo ser objetivos cuando distintos momentos de nuestra vida pueden reconstruirse a partir del libro de papel: el hallazgo de una bellísima edición, el peso de sus hojas, el color o la imagen de una portada, la elegancia de una tipografía, la inauguración de una biblioteca personal, el recuerdo de una cita o la consumación de una conquista amorosa, una puesta del sol, una conversación memorable, un amor platónico, una amistad literaria, etcétera?

A diferencia de la estandarización de los dispositivos para la lectura de libros electrónicos (e-readers), de la frialdad y dureza de su piel plástica, de la agresiva luminosidad de sus pantallas, de su dependencia de baterías y electricidad, el libro impreso tiene cuerpo, textura y gracia propios; olores y sabores diversos que perduran como grabados en el cerebro. Para funcionar, no ocupa corriente eléctrica: se puede leer en casa, en la biblioteca, en el tren o en la playa. No se apaga porque tampoco se enciende. “Un libro puede leerse casi en cualquier lugar y posición, de pie, sentado, acostado” (Gabriel Zaid). Se puede caer en repetidas ocasiones y no se rompe, si acaso se ensucia. Puede servir de portavasos. Difícilmente es antojo para los ladrones (salvo que se trate de bibliófilos), así que uno puede llevarlo y olvidarlo en todas partes: al regreso, allí estará, intocado, sensual, mudo, esperándonos.

El libro tradicional tiene la virtud de resguardar historias tan personales que, en un abrir y cerrar de páginas, nos devuelve el perfume de toda una época o la magia de un instante que vivimos junto a los libros. No exagero: hay libros que me recuerdan el ajetreo de una calle, el viaje en autobús para visitar a la mujer amada, agitadas discusiones con amigos, la llegada a una ciudad extranjera, participaciones políticas, periodos de turbación, identificaciones con personajes literarios… El libro de papel registra y conserva nuestras huellas, manías, hábitos alimenticios y estados de ánimo. Las marcas abundan: dedicatorias, elogios y mentadas de madre al autor, manchas de café, mugre, resalte de líneas o párrafos, subrayados particulares, escrituras paralelas en los márgenes de las hojas, debates solitarios, conversaciones imaginadas, boletos y recibos abandonados entre las páginas y un sinfín de vestigios que delatan al dueño del libro. ¿Cómo no se va a crear una dependencia emocional entre un lector y cada uno de sus libros?

Cuando Jeff Bezos, consejero delegado de la tienda virtual Amazon, sacó a la venta el lector electrónico Kindle, en 2007, declaró que su aparato tenía muchas ventajas para el lector. Los precios de los libros eran más baratos que los de papel, las descargas eran fáciles e instantáneas, no ocupaba espacio como las bibliotecas tradicionales, se ahorra papel y es muy ligero. El empresario tiene razón. Además de estas ventajas prácticas, Kindle es una puerta abierta a un fondo editorial inmenso. En apenas unos años, los libros en formato digital han rebasado las ventas de los impresos.

Sin embargo, aun cuando el libro electrónico comienza a imponerse en el mercado (se habla de media docena de modelos, entre los que destacan el Kindle de Amazon, con capacidad para almacenar 1, 500 libros descargables, y el reader de Sony), poniendo en crisis la viabilidad de librerías tradicionales en Estados Unidos como Borders y Barnes & Noble, el libro impreso sigue pareciéndome insuperable porque su disfrute es bastante simple: no requiere intermediarios ni conexiones para que trabaje, se activa con el movimiento silencioso de nuestros ojos. En cambio, el libro electrónico requiere de un ordenador o un dispositivo para ser leído. Sin estos medios, previamente cargados con electricidad, la lectura de textos digitales es imposible.

No me opongo al libro electrónico; sólo que prefiero aún la sensualidad que ofrecen, como objetos, los libros de papel. “Creo que parte de mi amor a la vida se lo debo a mi amor por los libros”, dijo Adolfo Bioy Casares. Por los libros impresos, confesaría yo.

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4 Responses to Libros impresos y electrónicos

  1. Manuela says:

    Irad: Cierto. Los libros dejan tantas huellas de y en nuestra vida. Me encantan los libros de papel, me fascinan. Leía la otra vez en Babelia sobre patologías librescas. Muy divertido. http://www.elpais.com/articulo/portada/Patologias/librescas/elpepuculbab/20110108elpbabpor_4/Tes Podría ser biblíofaga:) Los libros de papel tienen tantas cualidades y como dices, quiénes crecimos con ellos, al menos para mí, siempre tendrán su pedestal. Soy usuaria de ebook, de un sony de los primeros que salieron. No tiene wifi. pro y contra: Pro porque no mantengo los contratos como el kindle. Eso es una aberración. Todo eso que describe Hax sobre el Gran Hermano… El problema de esas plataformas es que te cierran a un cierto tipo de formato, además de que controlan tus usos. Este sony que tengo todavía me permite leer muchos libros que he bajado de la red por la libre… Puede almacenar cantidad de libros, (en una memoria SD) y no pesa mucho. Viajo mucho. Asi que eso es un aliviane, porque deberías ver mis maletas cargadas de libros. Todavía llevo algunos. Un libro de papel es único. Para mi sólo (muy categórica y con acento;) en esas circunstancias una debería usar ebooks. Saludos
    Ana Manuela

  2. Irad says:

    Estimada Ana Manuela:

    Es muy interesante tu comentario y estoy de acuerdo con todo lo que dices. El texto publicado por El País me encantó y aquí, en el blog, lo enlacé en su momento.

    Tienes razón, creo que el e-book puede ser útil en circunstancias determinadas, como cuando uno viaja o se traslada por varias semanas. Pero sobre todo, de los dispositivos para lectura electrónica me atrae el hecho de que podemos descargar numerosos libros e incluso ediciones difíciles de conseguir. Y claro, la inmediatez.

    Gracias por la reflexión.

    Saludos!!

  3. Sin Ma says:

    Irad, yo voto por el libro impreso, estoy de acuerdo contigo sobre todas sus ventajas, eso creo! No será realmente que me rindo ante la tecnología? jeje!

    Te mando un fuerte abrazo!
    Sin Ma.

  4. Irad says:

    Sin Ma:

    Gracias por el comentario que me dejas. También coincido contigo respecto a tu voto por el libro impreso. Sin embargo, opino que no debes rendirte antes los avances de la tecnología. Los libros electrónicos tienen, sin ninguna duda, lo suyito.

    Otro abrazo para ti!!

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