Otra vez: de mujeres, libros y revistas

En breve pero sustancioso artículo, publicado por El País, Manuel Rodríguez Rivero aborda el tema de la participación femenina en el ámbito editorial y en los espacios de las revistas literarias. Escribe Rivero:

Mi generación asistió en directo y en muy poco tiempo al enorme cambio que supuso la incorporación masiva de la mujer al trabajo. En el mundo editorial, la avalancha de mujeres ha sido tan espectacular en los últimos 25 años que ha motivado que los comentaristas (la mayoría hombres) nos hayamos referido ampliamente a una presunta “feminización” de la edición, lo que implica un malentendido. Es verdad que uno entra en las grandes editoriales y ve mujeres por todas partes. Pero, como ya he explicado en alguna ocasión, no están repartidas por igual en todos los puestos y responsabilidades: su horizonte profesional permanece (casi) inamovible en el umbral del santuario en el que se toman las grandes decisiones, de modo que en las plantas nobles su presencia tiende a enrarecerse.

Las razones de esa espectacular incorporación de las mujeres a la edición han sido muchas. Una importante fue que el ejército laboral empezó a poblarse de jóvenes universitarias bien preparadas que trabajaban con más ímpetu que sus colegas masculinos (tenían más que demostrar en un espacio acotado por ellos), hablaban idiomas y hacían gala de más mano izquierda para tratar con los autores, que son los que, en definitiva, suministran la materia prima del negocio. Pero también hubo otros motivos. A principios de los años noventa, cuando ya era un hecho evidente que las mujeres habían llegado a la edición para quedarse, el consejero delegado de la editorial en la que yo trabajaba me explicó que las contrataba porque resultaban “más baratas que los hombres y protestaban menos”. De lo segundo nunca estuve demasiado seguro. Pero lo primero tenía mucho que ver con la enorme reticencia que este sector (en particular) ha mostrado a equiparar salario igual a trabajo igual. Como en este país no se publican nunca (al contrario que en otros) datos sobre el abanico salarial correspondiente a cada puesto de trabajo editorial, no hay manera de saber cómo han evolucionado los sueldos. Pero tengo la convicción de que, en conjunto, los grandes empresarios editoriales se ahorraron entonces un montón de dinero contratando a mujeres por salarios inferiores a los que pagaban a los hombres por el mismo trabajo. Una forma rezagada de acumulación primitiva

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