Céline

Ignacio Echevarría interviene en la polémica en torno a la decisión del gobierno francés de excluir a Louis-Ferdinand Céline de las celebraciones nacionales de ese país en este 2011. Escribe el crítico:

La decisión, adoptada a última hora, de excluir a Louis-Ferdinand Céline de la lista de personalidades a las que Francia va a conmemorar durante el año 2011 (en que se cumple el cincuenta aniversario de la muerte del escritor) ha sido recogida por la prensa cultural española con prudente neutralidad. No así en Francia, donde, como era de esperar, el repentino cambio de parecer del ministro de Cultura, Fréderic Mitterand, ha desatado la controversia.

Ahora bien, Céline no es solamente uno de los más grandes escritores franceses del siglo XX: es un grandísimo escritor, sin más, autor de una novela inolvidable, que se cuenta entre las cimas indiscutibles del género, con independencia de la época y de la lengua en que fue escrita. De ahí que la decisión del ministro francés plantee, más allá de las circunstancias locales, un problema que concierne a todos. Un viejo y espinoso problema, que remite a las relaciones entre arte y moral, entre la obra y el individuo que la sustenta.

No resulta sencillo, ni mucho menos, tomar posiciones al respecto. La baladronada del alcalde de París, el socialista Bertrand Delanoë, quien pretendió zanjar la cuestión declarando en la radio: “Céline es un excelente escritor, pero un perfecto cabrón”, de poco sirve. Cualquiera puede dar un puñado de nombres de escritores excelentes que han sido o son unos perfectos cabrones. Y de muchísimos más que son unos perfectos cabrones sin ser excelentes, ni siquiera escritores. Uno mismo siente en la boca la ridiculez de este tipo de lenguaje cuando lo emplea.

Con mucha más ponderación, Fréderic Vitoux, de la Academia francesa, autor de una biografía de Céline, subraya las connotaciones implícitas en una categoría como la de “celebración nacional”, que es lo que se le ha hurtado a Céline: “Es el término ‘celebración’ el que es ambiguo. No se trata de ponerle laureles al escritor. El cincuentenario de su muerte es una ocasión de interesarse en su obra, de examinar de nuevo sus zonas de sombra”. De modo parecido se han expresado, muy razonablemente, el vocinglero Bernand-Henri Lévy y otros muchos.

Pero cabe puntualizar que si el término “celebración” resulta ambiguo, no lo es tanto el calificativo “nacional”, y lo es mucho menos el sintagma completo: “celebración nacional”. Pues lo que se sugiere con ello no es un homenaje de carácter netamente literario, sino un reconocimiento también cívico, que no se dirige únicamente a la calidad de una obra sino que comprende también la personalidad de su autor y su proyección pública. Es aquí donde las impugnaciones de Serge Klarsfeld en nombre de la asociación Hijos e Hijas de Deportados Judíos de Francia cobran su razón y su sentido

About Irad Nieto

About me?
This entry was posted in Crítica cultural, Política, Revistas culturales. Bookmark the permalink.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s