El listón blanco

Hoy en La Jornada Teresa del Conde escribe un estupendo comentario del film El listón blanco (Das Weisse Band -Eine Deutsche Kindergeschichte, Alemania-Austria-Francia-Italia, 2009), de Michael Haneke. Teresa comienza así su texto:

La película, aparentemente filmada en duotono es una belleza distante, puede admirarse en la Cineteca, después de breve temporada en un solo cine, proyectada a las 11 de la mañana. Se presentó en la más reciente muestra internacional.

El autor, Michael Haneke, es un cineasta alemán de culto. Aunque no se conozca el idioma, es tan grato de escuchar, como si fuera música.

Se entretejen historias en las que los niños y adolescentes tempranos son protagónicos, todos están vinculados, en parte porque varios pertenecen a un coro, pero principalmente debido a que el maestro de la villa, donde tiene lugar la acción, es el único profesor de la única escuela. Él es el narrador de la historia, sólo que la narra cuando es ya anciano, como lo delata el sonido de su voz en off, en contraste a la que es propia del personaje de 30 años que encarna. Su memoria, algo entrecortada, da cuenta de algo que sucedió hace mucho tiempo, el año previo al estallido de la Primera Guerra Mundial, en 1914.

Como no aparece un solo automóvil, sólo carromatos tirados por caballos, y además la iluminación es predominantemente con base en lámparas de aceite o candelas, el espectador puede creer que lo que acontece sucedió lustros antes del tiempo fílmico, suposición mantenida hasta el momento en que se anuncia el asesinato del príncipe heredero del imperio austro-húngaro y de su esposa en Sarajevo. Por tanto, las acciones tienen lugar hacia 1913. La única modernidad es la bicicleta y es relativa en cuanto a que hay contadas bicicletas (o sólo una) como posible medio de comunicación vehicular entre sitios distantes por decenas de kilómetros. La bicicleta es un símbolo.

La trama propone una serie de accidentes, comenzando al inicio con la muerte al parecer accidental de una campesina, que no se elucida por temor. En realidad, los accidentes o incidentes no van a alcanzar solución definitiva. Puede creerse que el médico (también accidentado al principio) que aparentemente cumple con sus deberes, es responsable, pero también se refuerza la idea, muy freudiana, de que algunos niños o jovencitos están involucrados con lo que va aconteciendo, entre otras cosas, un incendio y la vejación a dos chiquillos, uno de alcurnia, hijo de hacendado, y el otro en el extremo opuesto, además con síndrome de Down. Los sueños (el de una muchachita) tienen incursión definitiva y definitoria, eso aparte del vislumbre de la sexualidad preadolescente y sometida de una chica acosada por su progenitor

Sobre esta misma película puede leerse en nexos la crítica que escribió David Miklos.

También les recomiendo la exposición madrileña El efecto del cine. Un reportaje sobre ello puede verse aquí.

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