Juan Villoro y sus terremotos

Juan Villoro es hijo de los sismos. Le tocó la sacudida de 1985 en la Ciudad de México, uno de los terremotos más cruentos en la historia de nuestro país, y ahora en febrero de este año padeció el sismo de Chile. En 8,8: El miedo en el espejo (Ediciones Universidad Diego Portales) se reúnen las crónicas e impresiones de Villoro sobre estas vivencias. A propósito de la publicación del libro, El Mercurio entrevistó al escritor mexicano. Va un fragmento:

La vida de Juan Villoro ha estado marcada por los sismos. Casi un año después de nacer, un terremoto de 7,7 grados sacudió la Ciudad de México. Tres décadas más tarde, otra vez en la capital, uno de mayor intensidad -8,1 grados- echó abajo una buena parte de las construcciones del Distrito Federal y quedó registrado como el más mortífero de la historia mexicana.

Pero también en su trayectoria literaria se perciben las huellas sísmicas: otro terremoto, el de 1979, precipitó la edición de su primer libro, La noche navegable , mientras que su novela de 1997, Materia dispuesta , tiene como protagonista a un “hijo del sismo”, como él mismo lo llama, un hombre que nace durante la catástrofe de 1957 y cuya historia tiene como desenlace el movimiento telúrico del 85.

“Sólo ahora advierto mi sostenido interés por los temblores”, escribe el autor mexicano en su último libro, 8,8: El miedo en el espejo (Ediciones Universidad Diego Portales), en el que vuelve al tema de los sismos para relatar sus vivencias y las de varios amigos y colegas durante el terremoto chileno de febrero pasado. Por esos días, Villoro se encontraba en Santiago participando en el Congreso Iberoamericano de Literatura Infantil y Juvenil, visita que lo convirtió nuevamente en testigo de una catástrofe.

“Todas las historias del libro son verídicas -aclara desde Barcelona, donde se encuentra radicado desde hace unos meses-. No pensé escribir sobre el terremoto porque fue ampliamente cubierto por numerosos medios. Mi mirada, además, era sesgada, la de alguien de paso. Sin embargo, hubo una circunstancia curiosa. Como el aeropuerto estaba dañado, no pudimos salir pronto y durante varios días estuvimos encerrados en el hotel, sin otro pasatiempo que contar historias y revisar lo sucedido. Fue un auténtico taller narrativo. Me interesaron los muchos puntos de vista de gente que está de paso. Era como narrar una tempestad a partir de los tripulantes de un barco. Aun así, sólo pensé en escribir al respecto cuando llegué a México y no pude pensar en otra cosa. Necesitaba sacarme eso de encima para seguir viviendo”.

-Como testigo, ¿qué comparación haces entre el terremoto de 1985 en Ciudad de México y el que viviste este año en Santiago?

-Hace 30 años no les temía a los terremotos, incluso me gustaban. Los mexicanos pasamos por una serie de temblores menores, que presentaban miedos casi agradables, hasta que en 1985 nuestra ciudad quedó devastada. Desde entonces le tememos profundamente a la tierra. El terremoto de 8,8 fue mucho más grave que cualquiera que hubiera sentido en México. Por suerte, la arquitectura chilena es una forma del milagro. Los efectos combinados de la sacudida y la ignorancia de lo bien que se construye en Chile hicieron que el pánico de los mexicanos fuera enorme. Al mismo tiempo, la sacudida me permitió volver al sismo del 85, del que no se ha escrito mucho porque fue algo demasiado imponente, demasiado doloroso. Reaccionamos con cierto pudor, pensando que los muertos ya no podrían contar su historia. Sólo 25 años después me atreví a elaborar esos recuerdos.

-Dedicas un capítulo entero a las premoniciones. ¿Crees que contactan al ser humano con su lado más instintivo y olvidado?

-Las premoniciones son una manera retrospectiva de darle sentido al azar o al destino. Es una desgracia que sólo podamos ver los accidentes y los cataclismos después de sucedidos. En parte, esto se debe a la noción misma de accidente, que es por definición algo imprevisto, pero también a nuestra incapacidad de anticiparlo. Vivimos una época de arrogancia tecnológica donde se considera que la naturaleza ya se dominó. El terremoto en Chile y la explosión del volcán en Islandia son ejemplos de que esto no es así, y de que las repercusiones son peores cuando no tenemos idea de un Plan B. Sería bueno disponer de una pedagogía del error que nos permitiera actuar cuando algo falla. El verdadero éxito depende del dominio del fracaso, pero lo olvidamos con demasiada frecuencia.

Un ejercicio de introspección

-¿Qué huellas dejó el terremoto en tu trabajo creativo?

-Me dejó la noción de límite, de lo frágil que es cualquier espacio. La tierra dicta y nosotros nos limitamos a tomar notas. Un sismo es una lección de introspección: caes dentro de ti mismo y las réplicas que vives son en lo fundamental psicológicas. Algo de nosotros se quedó en Chile; el alma nunca acabará de regresar al cuerpo. De esa fractura surgen relatos compensatorios. Por eso volví al cuento de (Heinrich von) Kleist sobre el terremoto en Chile, lo único de ficción que hay en mi libro

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1 Response to Juan Villoro y sus terremotos

  1. Las anécdotas de Juan Villoro, son super interesantes.

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