Musa menor

Les recomiendo el texto de Javier Perucho, “Un siglo de aforismos mexicanos“, en el que se expone una visión, un horizonte de esa “musa menor” del pensamiento y la literatura, una escritura producto de la reflexión, la viva experiencia y la sabiduría. Un fragmento:

El aforismo y sus linderos

Por su naturaleza, el aforismo se sitúa en un punto equidistante entre los géneros tradicionales como la adivinanza, el chiste, la leyenda y el refrán, entre otros soportes vernáculos, pues son los formatos de una tradición oral que, por su condición, exigen el anonimato, la creación colectiva y el dominio público, que son justamente los rasgos contrarios a los géneros literarios. En los géneros de tradición oral su soporte yace en la memoria de la colectividad, su vehículo de transmisión y recreación. Por otra parte, el aforismo también suele lindar con el microrrelato, la fábula, la greguería e incluso la parábola.

En la adivinanza, el chiste, la leyenda y el refrán se funden la picardía, el ingenio de un pueblo, su sabiduría, idiosincrasia e historia colectiva. Estos soportes de la tradición popular tienen como propósitos enseñar, divertir, conservar, aleccionar a los integrantes de una comunidad viva. Cada una de estas formas expresivas se sujeta a la rueca del tiempo: aparecen, se olvidan y vuelven a surgir desaletargadas por las circunstancias sociales, cuyos requerimientos a su vez actualizan los contenidos latentes; por esta condición efímera, la fijación del “texto oral” es una tarea imposible.

La parábola conserva un ascendiente bíblico que obliga a recapitular las acciones emprendidas por el ser humano bajo una circunstancia específica; además, por su naturaleza evangélica pretende una enseñanza religiosa o una lección de vida, nunca cívica, lección que sí puede desprenderse de su contraparte el microrrelato o la fábula, ésta con un inevitable didactismo y un carácter moral. Por la tradición literaria que forjan, ninguno es cíclico; es decir, no se sujetan a los procesos de reciclaje a que están sometidas las formas orales tradicionales. Por supuesto, las tres arquitecturas (aforismo, fábula y microrrelato) exigen su fijación textual.

Para avanzar en esa historia y en la formación de un repertorio aforístico, propongo una definición complementaria que circunda la noción de aforismo, lo caracteriza en sus contornos pero, sobre todo, la divulgo como mera hipótesis de trabajo. Para lograr ese propósito, adelanto este apunte que circunscribe al género en acecho: Es el género por excelencia de la madurez tanto del hombre como del literato, la oración de los escritores veteres; se trata de una expresión de sabiduría que condensa los saberes de una vida. Para su enunciado se vale de una oración simple o una frase. Siempre es un fulgor, una revelación. Un relámpago de saber. Es un género más allegado a la reflexión del pensamiento filosófico que a la invención literaria. Junto con la máxima y el apotegma, el aforismo pertenece al mismo orden ideológico de las formas, excepto que no comparte con ellos el arquetipo religioso. En los tres, la mímesis mandata.

La narratividad es otra de las características intrínsecas de este género, aunque los aforismos de Gerardo Deniz asentados en Letritus rompen con esa regla de oro del viejo pacto de la representación prosística, establecida luego de aparecer los aforismos hipocráticos.

En su condición de médico, Hipócrates acuñó el único género no fundado por un literato, desde entonces es habitual que las más diversas tribus de profesionales publiquen su aforística: arquitectos, políticos, historiadores, libreros, filósofos y literatos, al menos en México; de este modo han dado continuidad a una tradición que se remonta a la cultura y civilización grecorromanas.

Concluyo este apartado con una definición operativa: un aforismo es un argumento controvertible aunque veleidoso, que soporta una experiencia empírica, un saber positivo expresado en una definición conceptual, un pensamiento educado por el libre albedrío. Jamás narra una historia, eventualmente fomenta una lección cívica o moral; por historia y tradición no profesa dogmas, aunque las creencias obtienen su rédito durante la concepción; sus dominios también circundan la estética de las artes, la biografía, los credos, además de ceñir las idiosincrasias y las tradiciones. La prosa es su soporte habitual, regla de oro que admite las excepciones contemporáneas. Nunca es epifánico, pero sí confesional. La experiencia y el dominio de un saber o una técnica, así como el empirismo subyacen en el género, por ello el escritor veter es quien más lo ha frecuentado, según los indicios y las evidencias documentales que sustentan este comentario; en consecuencia, es el género de la madurez literaria.

Censo y demografía

Juana Inés de la Cruz: Aquellas cosas que no se pueden decir, es menester decir siquiera que no se pueden decir, para que se entienda que el callar no es no saber qué decir, sino no saber en las voces lo mucho que hay que decir.

Benito Juárez: Los lobos no se muerden, se respetan.

Maximiliano de Habsburgo: Dos cosas son necesarias al hombre de Estado, el instinto y el tacto: aquél para discernir; éste para ejecutar. Saber gobernar es un talento innato, que no se adquiere, y al que, como a las aptitudes naturales, lo más que puede hacerse es pulirlas.

Mariano Silva y Aceves: El bien más cierto de que somos deudores a los hombres es el bien de la lectura, y encontrar el libro que conviene a cada edad, equivale a encontrar el mayor tesoro de un pueblo, mayor todavía que la Constitución o la moneda.

Francisco Sosa: El que revela los favores de una mujer, confiesa así que es indigno de obtenerlos.

Alfonso Reyes: Los niños de aquella familia se disputaban dos tesoros: los besos de la institutriz y la “pepita del chayote”. Así se empieza.

Carlos Díaz Dufoo Jr.: Hubiese dado cualquier cosa por una creencia elemental, por una afirmación biológica, por un pequeño refugio, animal y seguro.

Julio Torri: El mundo ha perdido su voluntad, y ya no es sino representación (con excusas para los manes de Schopenhauer).

Max Aub: En los documentos nunca hay hijos de puta. Y Dios sabe que son incontables.

(Artículo completo)

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