Contra Freud

En entrevista para El Malpensante, y aprovechando el escándalo que ha provocado su best-selleriano libro Le crépuscule d’une idole, Michel Onfray critica duramente al psicoanálisis freudiano y acusa a sus más férreos defensores en Francia de ser una milicia obtusa y sectaria. Freud como falsificador, tirano, falócrata, megalómano, mal hijo, ávido de dinero, homofóbico, misógino… entre otras delicadezas que se consignan, todo parece, en este libro que ya vendió más de 100 mil ejemplares en aquel país. Parte de la entrevista:

Usted fundó la Université Populaire de Caen, donde –a pedido suyo– se enseña psicoanálisis. ¿Por qué hacerlo si considera que esa disciplina es una fabulación?

Fundé la Université Populaire en 2002 para enseñar libremente, lejos de las leyendas de las que vive la universidad oficial. Las universidades son lugares de reproducción social, de duplicación ideológica: nada inteligente ha salido nunca de allí.

¿Lo piensa realmente o esa frase es una provocación?

Lo pienso de verdad: Platón, Séneca, Marco Aurelio, Plotino, Montaigne, Spinoza, Rousseau, Diderot, D’Alambert, los enciclopedistas, Helvétius, D’Holbach, La Mettrie, Nietzsche, Sartre, el mismo Freud, no eran universitarios. El verdadero pensamiento se encuentra al margen de estas grandes maquinarias creadas para seleccionar a las élites que asegurarán la repetición de lo aprendido, con el fin de transmitirlo servilmente a otros que a su vez harán lo mismo y a quienes se les entregará un diploma como signo de pertenencia a la tropa destinada a perpetuar la ley intelectual e ideológica. No quise padecer esa restricción y preferí trabajar como un hombre libre: algo que la universidad no me habría permitido jamás y que rechacé en el momento mismo en que mi directora de tesis me propuso dictar una cátedra. Preferí permanecer en el liceo donde enseñaba filosofía, para poder trabajar en mis libros con toda libertad, sin tener que rendir cuentas a un superior jerárquico.

Al abrir la universidad, le pedí a una amiga psicoanalista enseñar el psicoanálisis de la misma manera que, ateo, solicité a una persona católica que diera un seminario sobre catolicismo, y que, políticamente antiliberal, le pedí a un amigo liberal que enseñara liberalismo. La razón es simple: no voy a reproducir en una instancia contrainstitucional los vicios de la institución. Estoy a favor del debate y no del lavado de cerebro. No deseo crear clones sino oyentes libres que se formen una idea comparando, analizando, confrontando tesis. He buscado una persona capaz de enseñar en la Université Populaire una lectura del Corán, a pesar de no considerar ese libro un breviario republicano ni un manual del iluminismo. Mi concepción libertaria me hace creer que del debate y la confrontación puede surgir una opinión autorizada –lo contrario de lo que piensa y practica la milicia freudiana–. Por mi parte, no tengo la fantasía de convertirme en gurú. No es algo que se pueda decir de todos los que integran en estos tiempos el campo freudiano.

…yo me propuse desmontar el mito de un Freud científico que descubrió un continente, el inconsciente, como Copérnico descubrió el heliocentrismo o Darwin la evolución de las especies. Freud nunca fue un científico, sino un artista, un escritor, un filósofo. De ahí a hacer de él un genio científico hay un abismo… Lo que hago con Freud, pero también lo hago con todos los filósofos desde hace ocho años en la Université Populaire, es lo que Sartre llamaba “un psicoanálisis existencial”. Dejo en manos del lector creer o no creer en las aserciones pretendidamente científicas de Freud. Por mi parte, yo sitúo a Freud al lado de Nietzsche o de Kierkegaard, autores sin ningún valor científico universal, pero con un valor filosófico individual, subjetivo. Un pensamiento se refuta, no la vida filosófica que lo acompaña: refuto el pensamiento freudiano, pero no la vida filosófica de Freud.

Para usted el freudismo es una “visión del mundo privado con pretensión universal”. ¿Por qué?

Un ejemplo: el complejo de Edipo, presentado como un descubrimiento universal freudiano, proviene del simple hecho de que Freud, cuando era un niño, hizo un viaje en tren con su madre. Él pretende “que no pudo no haberla visto” desnuda esa noche y que, “por lo tanto”, la deseó sexualmente. Luego infiere, sin más pruebas, que es así en todos los niños desde siempre y para siempre. Que Freud, por razones subjetivas (una familia recompuesta y con tres niveles de generaciones mezclados, un padre que tenía la edad de su abuelo, un cuñado de la edad de su padre, un sobrino apenas mayor que él, etc.), haya tenido problemas de identidad sexual no representa ningún problema para mí. Pero que infiera teorías de orden general a partir de hechos aislados me parece cuestionable. Freud confunde sus deseos con la realidad y analiza siempre de este modo. La novela familiar, el niño golpeado, el asesinato del padre, la etiología sexual de los neuróticos, el complejo de Edipo y otros muchos conceptos pretendidamente universales y científicos son solo afirmaciones particulares y literarias.

Usted refuta que el psicoanálisis permita la cura y afirma que es solo un “efecto placebo”. ¿Cómo explica entonces que algunos pacientes se sientan mejor al cabo de una terapia psicoanalítica?

Justamente, gracias al efecto placebo. Hay personas que tras convertirse al islam, ingresar en un monasterio o ir en procesión a Lourdes también se sienten mejor. ¿Prueba eso la verdad del islam y del cristianismo?

¿Y qué pensar de aquellos millones de personas que se sienten mejor luego de una consulta con un vidente, un astrólogo, un homeópata, un espiritista? ¿En la borra del café podemos hallar la verdad del ser? ¿Podemos leer el futuro de una persona en la posición de los astros en el cosmos? ¿El algodón magnetizado cura el cáncer? ¿Gránulos de azúcar sin rastros de sustancias químicas tienen poderes terapéuticos? Y el que participa en una sesión de espiritismo, ¿vive mejor su duelo después de haber hablado con el alma de su muerto? Vamos, seamos serios. Acabemos con estas conductas mágicas y estos comportamientos infantiles. El psicoanálisis es el nombre dado al ocultismo en un siglo positivista.

Usted critica la venalidad de Freud, el amor por el dinero. ¿Cree que esta voracidad por el dinero tiene vigencia entre los psicoanalistas de hoy?

Si debo juzgar por las tarifas de hoy en el sector privado, si observo la extrema discreción acerca de este tema y el silencio total de los psicoanalistas sobre este ítem en mi libro, si juzgo por lo publicado en la revista satírica Le Canard Enchainé, que explica la forma en que Jacques-Alain Miller, célebre psicoanalista, yerno de Lacan y una autoridad en la materia, evadió del fisco sumas considerables, creo, en efecto, que es un comercio extremadamente rentable. Entonces sí, ¡es un problema de actualidad!

Usted acusa al psicoanálisis de ser una actividad narcisista que permite a millones de personas creer que su ombligo es el centro del universo. ¿Recomienda que la gente deje de psicoanalizarse? Y, en caso de ser así, ¿cómo debería tratarse el sufrimiento psíquico?

¡Es increíble que Freud haya logrado hacer creer que el psicoanálisis es solo el freudiano y nada más! Ya que, en un momento de lucidez, él mismo dijo, durante una conferencia en Estados Unidos, que él no había inventado el psicoanálisis, sino que este descubrimiento se lo debíamos a Josef Breuer. El psicoanálisis se vuelve luego una aventura colectiva con un número considerable de gente que trabaja en este descubrimiento junto a Freud –pensemos en Adler, Jung, Rank, Stekel, Reich, Abraham–. En términos absolutos, no estoy en contra del psicoanálisis sino en contra del psicoanálisis freudiano. El freudo-marxismo cuenta, por ejemplo, con toda mi simpatía. O incluso lapsicología concretade Politzer o el psicoanálisis existencial de Sartre. ¡Es justamente porque me importa el sufrimiento psíquico que combato aquello que no lo suprime pero pretende hacerlo!

¿Las críticas al psicoanálisis hechas en su momento por Sartre, Deleuze, Derrida, Foucault y otros intelectuales han suscitado la misma violencia y odio que despertó su libro?

No. Nuestra época es más histérica, más mediática, por lo tanto más superficial también. El desarrollo de internet permite internacionalizar al instante las declaraciones del primer cretino que aparece. Los periodistas han perdido toda deontología al mismo tiempo que todo talento: hoy en día el periodismo es una profesión –al menos el periodismo de ideas– saturada de estúpidos sin obra que dictan la ley desde lo alto de su indigencia, la cual llega a cimas inimaginables. Aquellos que no han creado nada destruyen lo que existe creyendo que la nada hecha por ellos alrededor de su propia persona vale como una prueba de su genio. Entre todas las críticas odiosas que han acompañado mi libro en la prensa francesa, ¿qué pluma de talento podemos resaltar? Ninguna. Sin embargo, he recibido cartas de apoyo y amistad de Régis Debray, François Dagognet, Jean Malaurie, Marcel Conche, Louis Sala-Molins, gente por la que tengo la más alta estima. El resto tiene muy poca importancia.

About Irad Nieto

About me? Irad Nieto es ensayista. Durante varios años mantuvo la columna de ensayo “Colegos” en la revista TextoS, de la Universidad Autónoma de Sinaloa. Publicó el libro de ensayos El oficio de conversar (2006). Ha colaborado en diversas revistas como Letras Libres, Tierra Adentro, Nexos, Crítica y Luvina, entre otras. Fue columnista del semanario Río Doce, así como de los diarios Noroeste y El Debate, todos de Sinaloa. Su trabajo ha sido incluido en la antología de ensayistas El hacha puesta en la raíz, publicada por el Fondo Editorial Tierra Adentro en 2006 y en la antología de crónicas La letra en la mirada, publicada en la Colección Palabras del Humaya en 2009. Actualmente escribe la columna quincenal “Paréntesis” en El Sol de Sinaloa.
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