Crisis educativa

“En nuestros días, toda demora, dilación o espera se ha transformado en un estigma de inferioridad”, afirma Zygmunt Bauman. Por eso cada vez más son demandados el bachillerato de dos años y la carrera profesional de tres. En estos tiempos líquidos la juventud no tiene tiempo para perder el tiempo, padece el síndrome de la impaciencia. Las complicaciones de una educación lenta y profunda la agobian. Y el mercado está ahí para responder con nuevas ofertas a la medida de sus angustias, por ejemplo: una “escuela” chafa ofrece descaradamente aprender idiomas sin “tediosa gramática”. Ésta es hoy la utopía del estudiante: un mundo sin tediosa gramática, en el que no haya maestros sino facilitadores, en el que se reciban diplomas a cambio del pago de mensualidades y festivales de graduación.

Expulsadas la dificultad y la memoria de la enseñanza, la educación se convierte en una mercancía disponible al mejor postor. Cuando algunas instituciones de educación privada (en realidad viles empresas) comienzan a llamar clientes a sus alumnos algo se ha pervertido. “La educación pasa a ser una cosa que se consigue, completa y terminada, o relativamente acabada”. Los profesores pasan a ser monedas itinerantes en un salvaje mercado laboral que desprecia la transmisión cultural porque mete en problemas a sus clientes: les “complica” la vida.

El desmedido crecimiento y multiplicación de las escuelas privadas como negocio tiene sustento en una creencia social, en un prejuicio de clase que ya es caro y desastroso para nuestro país: la educación pública es mala; la privada, buena.

En La Jornada, Ilán Semo lanza, si no con originalidad, sí con lucidez una hipótesis sobre la crisis actual en la educación de nuestro país. Luego de 10 años de gobiernos panistas, las consecuencias de una política que ha menospreciado y arrinconado a la educación pública son aciagas, peores que en el año 2000: alumnos que no se preparan; profesores que no terminaron de instruirse o no se instruyeron jamás; seminarios light de titulación para evitar el fardo de elaborar una tesis (que sólo retarda la incorporación al “mercado” de trabajo); sistemas de evaluación que no evalúan y exámenes que nada examinan son el pan de cada día en la educación.

Una hipótesis que nos explica esta crisis educativa, el factor principal según Semo, reside en la proliferación de escuelas privadas patito y las funciones que desempeñan en el panorama más laboral y mercantil que educativo. Escribe Ilán Semo:

…el argumento de que la burocracia y el clientelismo del SNTE son el principal lastre que propicia el rezago en este ámbito no hace más que ocultar lo que, a mi parecer, es la razón actual principal del deterioro del sistema educativo. Esa razón tiene un nombre y un lugar social perfectamente discernibles, pero que nunca aparece en los análisis oficiales sobre la crisis de la educación. Me refiero a las funciones que ejercen hoy en día las miles y miles de escuelas, universidades y centros de educación privados que imparten sus servicios en todo el país. En suma: el papel que ejerce actualmente lo que se da en llamar la educación privada. Y habría que pensar con más detenimiento si no es éste, y no otro, el factor principal que, al parecer, mantiene en zozobra los esfuerzos públicos por mejorar la calidad de nuestras escuelas.

En primer lugar, la educación es uno de los rubros por excelencia que definen el horizonte de expectativas de una sociedad. Lo que mueve a millones de familias a elegir una u otra opción no son tanto las realidades y los niveles pedagógicos de cada escuela, sino el espectro de expectativas (sociales, profesionales y de movilidad) que promete a quienes pasarán por sus aulas. La fórmula, ya anclada en el sentido común popular, es simple y ha sido devastadora: la educación privada es buena, la pública, mala. Esta fórmula idiosincrática, que ninguna estadística corrobora, convierte de manera prácticamente clasista a los educandos de las escuelas públicas en ciudadanos de segunda clase. Lo patético es que ni siquiera se trata de un ideograma, sino de una simple idiosincrasia que asegura el más cruel de los sistemas de exclusión y polarización social. Simplemente porque la mayor parte de la población no puede optar por el camino privado. De tal manera que la fuerza central que mueve a quienes aspiran a una educación que se traduzca en beneficios, las expectativas educativas, enfrenta de entrada un auténtico muro de privilegios para quienes sólo pueden acudir a la instrucción pública.

En segundo lugar, la educación privada concentra al mayor número de universidades patito que se dedican a hacer negocios con este servicio que debería siempre tener un espíritu público y civil. Cientos y cientos de universidades dedicadas a formar diseñadores, contadores y otros oficios profesionales, exentas de cualquier rigor y de condiciones para garantizar una educación superior de calidad, forman, o más bien deforman, a cientos de miles de los futuros profesionales del país.

En tercer lugar, el abandono del sistema público. Una de las revistas de mayor circulación se vanagloriaba de que el gobierno de Felipe Calderón invertía 4.8 por ciento del gasto en educación. El mínimo para que un sistema educativo funcione en sus niveles más bajos, según los estudios más meticulosos, es 8 por ciento. La inversión panista en educación ha estado dedicada deliberadamente a derrotar al sistema público…

Sobre el tema, Jesús Silva-Herzog Márquez titula un post “Más talleres, menos universidades“, a propósito de un texto que apareció en Chronicle Review en el que se preguntó a algunos acádemicos sobre los cambios de la próxima década.

About Irad Nieto

About me? Irad Nieto es ensayista. Durante varios años mantuvo la columna de ensayo “Colegos” en la revista TextoS, de la Universidad Autónoma de Sinaloa. Publicó el libro de ensayos El oficio de conversar (2006). Ha colaborado en diversas revistas como Letras Libres, Tierra Adentro, Nexos, Crítica y Luvina, entre otras. Fue columnista del semanario Río Doce, así como de los diarios Noroeste y El Debate, todos de Sinaloa. Su trabajo ha sido incluido en la antología de ensayistas El hacha puesta en la raíz, publicada por el Fondo Editorial Tierra Adentro en 2006 y en la antología de crónicas La letra en la mirada, publicada en la Colección Palabras del Humaya en 2009. Actualmente escribe la columna quincenal “Paréntesis” en El Sol de Sinaloa.
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