Imágenes políticas

El jurista y profesor Claudio Martyniuk nos propone en Revista Ñ un interesantísimo análisis crítico, político, filosófico y jurídico de la fotografía en la que el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, y su equipo observan la operación militar para detener a Osama Bin Laden. Hay expresiones de horror, preocupación o sobrecogimiento como las de Hillary Clinton y Obama. Las hay también de seguridad y firmeza. Sin embargo, la imagen no nos coloca a los espectadores frente a lo que está pasando. La fotografía “impone la visión de los vencedores, de los que mandan y ven cumplir sus órdenes”. Es una imagen que toma una posición política. A decir de Martyniuk “…parece el reverso de Las meninas de Velázquez, sin espejo que refleje el lienzo/pantalla, con un ángulo negro que expone lo que no vemos, que nos hace testigos de la distinción entre aquellos que ven, que pueden ver porque son autores de lo que ven, y el resto, espectadores sumergidos en un punto ciego.” Hay aquí otra guerra sucia que desborda la ley y los derechos, que prescinde del orden jurídico porque estorba, porque dificulta aniquilar al enemigo, deshacerse de él arrojándolo al mar como hicieron los esbirros de las dictaduras latinoamericanas.

En Las imágenes toman posición argumenta Martyniuk:

La imagen no puede ir más allá de su límite. Y esa condición de su experiencia agita nuestra libertad en la ambivalencia. Documento visual del poder y la miseria de nuestra época, esta fotografía encierra más de una verdad, y la primera suele resultar insuficiente. La imagen realizada por la Casa Blanca en la que se puede ver al equipo de Obama ante una pantalla ha recibido epígrafes en los cuales se señalaba que estaba observando el operativo que le daba muerte a Bin Laden. Pero la imagen que nos ha llegado no nos dice nada. No es oscura ni mentirosa. Es ilegible, salvo que se la considere como parte de un montaje que nos interpela y nos sitúa en una historia perturbadora. Podría interpretarse la expresión de Hillary Clinton como de horror y advertirse cierto sobrecogimiento en la actitud de Obama, que también parece empequeñecido, refugiado en su abrigo informal y alejándose de lo que observa.

Estos gestos tienen importancia. Hay dos personas incómodas, mientras que los otros, de uniforme se muestran firmes, seguros, activos. Pero la imagen no nos pone cara a cara con una historia atroz. Más bien impone la visión de los vencedores, de los que mandan y ven cumplir sus órdenes. La imagen, producida por la Casa Blanca, toma posición. Vale decir, nos pone frente a un eslabón de una, de otra guerra sucia más.

Otra vez, como es recurrente desde el siglo XIX, en un bando está el nihilismo y en el otro, la racionalidad técnica (ver André Glucksmann: Dostoievski à Manhattan). Parece el reverso de Las meninas de Velázquez, sin espejo que refleje el lienzo/ pantalla, con un ángulo negro que expone lo que no vemos, que nos hace testigos de la distinción entre aquellos que ven, que pueden ver porque son autores de lo que ven, y el resto, espectadores sumergidos en un punto ciego.

Una copia de muerte

Tal vez otra imagen, ésta verdaderamente obra del montaje, sea la poiesis (creación) del equipo de Obama, aunque sabemos que el taller que episódicamente dirige lo trasciende. A falta de la fotografía de Bin Laden muerto, ha circulado una fotografía ficticia de su rostro deshecho. Iconofobia políticamente entendible, por las pasiones devocionales imprevisibles que pueden desatar los íconos –del sudario y las pinturas de Jesús al cuerpo y rostro del Che muerto fotografiado–, aun entre aquellos que normativamente las excluyen. En cualquier caso, esta imagen falsa vino a suplir la imagen verdadera que se ha decidido guardar en secreto. Curiosamente, la imagen sustituta permite cubrir la falta sin, digamos, completarla.

Hay un álbum de imágenes que compone la imaginación política. Y el dolor ocupa un lugar central en él. Hay imágenes que pugnan por no dejar inaudible el silencio, hay imágenes de lo inimaginable. Impotentes, recibimos esas imágenes. Y nos mantenemos así, aun al tomar la palabra por la estrechez a la que se ha reducido el enfrentamiento a la facticidad. Y las puestas en escena de lo que se presenta como material épico del presente, cristal cortante, aparece como sustancia sin más esencia que la pantalla.

Falta Jean Baudrillard, una mirada capaz de señalar que la muerte de Bin Laden no ha tenido lugar, que la muerte ha sido reemplazada por una copia de la muerte que se mantiene vedada y de la cual tan sólo se ha comunicado el resultado; que la arbitrariedad del signo ha hecho que, si un significante es un significante para significante y un nombre difiere de un apellido por una sola letra, se debe atender la diferencia entre b y s, decisiva para diferenciar amigo de enemigo; que la soberanía estatal es otra ficción (¿se debe desconfiar de quién interroga a las viudas del líder de Al Qaeda?) y, sobre todo, que debemos ser escépticos ante la reificación de la guerra justa.

Todavía no cesaban los ecos de la difusión que hizo WikiLeaks de 779 archivos secretos referidos a la prisión de Guantánamo cuando todo fue desplazado –la muerte de Bin Laden: un cambio de tema. Las torturas brutales y refinadas, las promesas incumplidas, la ausencia de juicios, el estado de excepcionalidad, todo lo que anuncia la existencia de un campo o un gulag norteamericano en un puñado de territorio apropiado y militarmente mantenido en condición colonial. ¿Tal vez esos tormentos, todos ellos y las presuntas inocencias vulneradas puedan resultar justificadas por la obtención de un nombre, un seudónimo de alguien que podría haber sido relevante para encontrar a Bin Laden en un punto del globo? Ese punto, la precaria casa millonaria, su parecido a un barrio humilde del Gran Buenos Aires, a una de las mayoritarias casas sin atractivo, a un espacio sin diseño cualquiera. Es cierto, el mal, sin dimensión, puede hallarse en cualquier superficie, blanca y pura o polvorienta, oscura, con y sin teléfono e Internet –aunque con pantalla, siempre alguna en todos los casos

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4 Responses to Imágenes políticas

  1. Irad, a tus post les falta color, candor y calor.

  2. Marco says:

    Dónde se ha metido, jovenazo?

  3. Irad Nieto says:

    Gustavo:

    Seguramente porque así soy yo.

    Saludos!!

  4. Irad Nieto says:

    Mi estimado Marco:

    Vagabundeando por ahí; ensimismado también. Nos debemos una charla, hay cosas que platicar.

    Saludos!!

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