Rafael Narbona reseña El cementerio de Praga (Lumen, 2010), la nueva novela de Umberto Eco, la cual, según el crítico, recupera un tono y espíritu irreverentes tan necesarios para esta época:
Umberto Eco (Alessandria, Piamonte, 1932) ha rescatado el aristocrático placer de desagradar. El cementerio de Praga no es una obra políticamente incorrecta. Simplemente es una novela que recupera el espíritu irreverente y provocador de la gran literatura. La literatura apenas logra respirar en una época que ha impuesto silenciosamente la autocensura. Nunca se publicó tanto y nunca proliferó tanto la mediocridad. Es cierto que Umberto Eco escoge un género poco exigente. La novela histórica ha conquistado al público, repitiendo los esquemas narrativos del folletín decimonónico.
Umberto Eco ha resuelto esta limitación, adoptando la forma de un diario sin ninguna pretensión ejemplarizante. Ambientada en la Italia de la segunda mitad del siglo XIX, el protagonista es el capitán Simone Simonini, un personaje tan antipático como inolvidable. No es un héroe y carece incluso de la grandeza de los villanos. No es el infame y refinado conde Fosco de La dama de blanco (1860), de Wilkie Collins, pero en su destino también se cruzarán los carbonarios, los servicios secretos y las revoluciones románticas.
El capitán Simone Simonini participa en todos los acontecimientos relevantes de su tiempo, asumiendo diferentes identidades. Umberto Eco juega con el desdoblamiento de la personalidad para mostrar la impostura y la confusión interior de Simonini. Simonini será alumno de los jesuitas, oficial del ejército, conspirador, falsificador, terrorista y convivirá con la sospecha de ser otro, el misterioso abate Dalla Piccola.
Este recurso no evoca tanto la figura del Dr. Jekyll y Mr. Hyde como las alucinaciones de Wilkie Collins, adicto al opio y al láudano, hasta el extremo de elaborar delirios paranoicos, que inventaron un doble imaginario: “Ghost Wilkie”. Umberto Eco recorre medio siglo de intrigas, conspiraciones, escándalos, revueltas políticas y estrepitosos fracasos. Nos habla del definitivo ascenso de la burguesía, la aparición del proletariado, la influencia de las logias masónicas, las peripecias de la comunidad judía, la experiencia revolucionaria de la Comuna y el caso Dreyfus, los pogromos y la gestación de Los protocolos de los sabios de Sión, el panfleto que se publicaría por primera vez en la Rusia zarista en 1903, pero que sólo es una copia del Diálogo en los infiernos entre Maquiavelo y Rousseau de Maurice Joly.
Umberto Eco no juega a ser Stendhal ni Gustave Flaubert. Sus personajes carecen de la profundidad psicológica de Emma Bovary o Julien Sorel. En realidad, todos rebosan la personalidad de su autor. Y esto, lejos de ser un defecto, es un mérito en una novela que ya no podía discurrir con la inocencia de los grandes clásicos del XIX. Umberto Eco no disimula su flirteo con Eugène Sue o los Dumas, pero El cementerio de Praga no es un best-seller, sino una novela posmoderna. El nombre de la rosa (1980) queda demasiado lejos. Las referencias a Jorge Luis Borges, Arthur Conan Doyle, Edgar Allan Poe, Guillermo de Ockham o los códices miniados han sido reemplazadas por una prosa que ha situado al propio Umberto Eco en el centro de la narración. Al margen del aspecto policial de la trama, lo que prevalece es un egotismo autocomplaciente con unas notables dosis de terrorismo emocional e intelectual. Pero el narrador Umberto Eco no necesita excusarse. No pretende enseñar nada. Se halla en la cumbre y en el tramo final de una dilatada carrera académica y literaria. Esa privilegiada posición le permite hablar con una incontenible libertad. Incontenible e irritante, pues El cementerio de Praga aplica los principios estratégicos de la guerra total. No hay objetivos legítimos y daños colaterales…

El cementerio de Praga es, en mi modesta opinión, una excelente novela. No lo es tanto, sin embargo, la edición en castellano con que Lumen (una editorial que, por otro lado, ha dado muy buenos momentos a nuestras letras) nos la ha ofrecido: errores de puntuación, incorrecciones sintácticas, hasta tres en una misma página. Lamentable, siento decirlo.
María:
Pues nos haces una precisa advertencia sobre la edición de esta novela. Gracias.
Saludos!!
Acabo de terminar “El cementerio de Praga” y, aunque su lectura me ha absorbido bastante estos días, no ha satisfecho las expectativas que genera en las primeras cien páginas. El punto irreverente es lo mejor del libro, sin duda, pero tal vez el afán de Eco de poblar la novela con decenas de personajes hace que éstos se diluyan y que parezcan perder entidad y personalidad. Y otra cuestión: esa personalidad genial que se nos revela en las primeras páginas apenas si se manifiesta en el grueso de la novela. Creo que está un tanto desaprovechada.
Estoy 100% de acuerdo con Alf. .. A mi, personalmente, me ha parecido, incluso, pesada. Tengo que admitir, por supuesto, la gran cultura general que el Sr. Eco tiene y que parece que quiere reflejar tanto en esta novela. Me ha parecido un lucimiento de sabiduría mas que una trama novelada. Quizas mi intelecto no haya sabido aprovecharla bien.
Lamentablemente me encuentro (y me duele decirlo) entre los que se han aburrido con esta “novela”. Mi interés ha estado durante la lectura de la misma más en encontrame cuando me perdia que en la propia historia.
Así que como dice el Sr. Eco, me encuentro entre los que le ha costado orientarse. Quizás sea que no soy un lector como Dios manda. Simplemente me gusta leer.
Me costará comprarme su próximo libro, la verdad. De todas formas, siempre nos quedará “El nombre de la rosa”.
Lo siento maestro.
Fernando:
Gracias por tu comentario. Es hora de que no leo esta novelita. Acaso no me atrae, por lo pronto, su lectura.
Saludos!!
Es una novela infumable. Me aburre la novela que utiliza los manuales de historia como hilo conductor,
Es fascinante como Eco maneja la narrativa y al mismo tiempo te hace viajar por la epoca en al que se desarrolla, aportando detalles que te remontan imaginariamente. De la misma manera que en ‘El Pendulo de Fucault’ transita diferentes episodios historicos y los desarrolla puntualmente con una complejidad contemporanea.
Personalmente, me parecio admirable la utilizacion del doble sentido, en ocasiones, al describir inventos o falsificaciones del protagonista, pero que al mismo tiempo desnuda, denuncia, argumenta y fundamenta dandole veracidad y credibilidad. Esto le otorga al lector el libre albedrio de decidir de que lado prefiere posicionarse.
eli:
Esa particularidad y doble carácter tienen las novelas de Eco: un hilo narrativo y una profunda inmersión en archivos y datos históricos que a muchos agobian por su minuciosidad.
Saludos!!